ARTICULO PRIMERO.- Conformar, el Comité de Dirección de...
"Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”
Cinco funcionarios de distinto grado se reparten los trabajos centrales de la investigación técnica del siniestro de Adamuz (Córdoba). Están a las órdenes del secretario de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), Adolfo Vázquez Fernández, quien ya actuó como técnico de este organismo, por ejemplo, en el descarrilamiento del tren Celta en O Porriño (Pontevedra), que dejó cuatro fallecidos y 47 heridos el 9 de septiembre de 2016. El equipo es corto y precisa el respaldo de analistas y laboratorios externos.
Todos los caminos de esta convulsa legislatura conducen a la política de vivienda. Allí se estrellan todas las medidas sociales del Gobierno, devoradas por el aumento desorbitado de los alquileres. Y allí se produce una gran batalla ideológica entre la derecha, que plantea dejar que el mercado inmobiliario arregle el problema con más viviendas, y la izquierda, que propone intervenirlo para reequilibrar la desigualdad que beneficia a los propietarios, los grandes ganadores de la crisis. Esa misma batalla por la política de vivienda tiene ahora bloqueadas las pensiones de más de nueve millones de jubilados, pendientes de un nuevo decreto que evite que en la nómina de febrero reciban 50 euros menos de media, después el Congreso tumbara el pasado martes, con los votos en contra de PP, Vox y Junts, la medida que autorizaba esa subida con la excusa de que incluía otras muchas medidas que no compartían.
La multitudinaria manifestación este viernes en las calles de Minneapolis, con réplicas en otras ciudades de Estados Unidos, ha sido la expresión más visible hasta ahora del hartazgo ciudadano con la violencia policial ejercida por el Gobierno federal, una indignación que empieza a concretarse. Tras un año de desconcierto y temor ante una Casa Blanca que ha arrollado cualquier oposición con la estrategia de lanzar todas las batallas a la vez y todas con la máxima virulencia, una parte de EE UU está diciendo basta. Hasta las elecciones de noviembre no se podrá saber si esto es suficiente para frenar la espiral autoritaria de Donald Trump, que intenta cambiar para siempre el sistema de equilibrio de poderes en Estados Unidos.
Propaganda chapucera, memes oficiales, imágenes de IA que ni pretenden convencer, solo saturar y confundir. Hay hasta un término ridículo para ello: slopaganda. Es curioso que la tosquedad de esas imágenes no sea un defecto sino su rasgo central. Por eso decir “esto es obviamente falso” no funciona como refutación: es exactamente la reacción que se busca. Si la propaganda del siglo XX aspiraba a parecer verdad, esta nueva forma exhibe su falsedad. Piensen en Trump caminando junto a un pingüino hacia una bandera de Groenlandia. Algunos señalaron que los pingüinos viven en el Polo Sur. Pero corregir el dato es no entender nada. El mensaje no es “esto es real” sino “podemos hacer que lo falso circule como si fuera real, y no puedes hacer nada”. El “error” es irrelevante.
Lo contaba Timothy Garton Ash en un discurso que dio hace unos años en Barcelona. Durante sus viajes por la Europa comunista, la gente se le acercaba con libros de George Orwell en ediciones samizdat: copias de libros prohibidos que se hacían de manera clandestina (samizdat quiere decir, más o menos, “publicado por uno mismo”, o “editorial de uno mismo”) para evitar la censura. Eran copias de 1984 y Animal Farm, gastadas de tanto leerlas, que los lectores agitaban en el aire mientras le preguntaban a Ash: “¿Cómo lo sabía?”. Se referían, por supuesto, a todo lo que les estaba pasando o les había pasado a las víctimas del totalitarismo: ¿cómo lo sabía Orwell? ¿Cómo sabía ese inglés tan inglés, que nunca viajó a los países del Telón de Acero, que sólo supo del mundo comunista por sus lecturas y por las noticias que le llegaban, lo que ocurría del otro lado?
En un país donde la tendencia desde hace décadas ha sido hormigonar y edificar hasta el último centímetro de costa, unos pocos municipios han empezado a hacer justo lo contrario para defenderse de temporales marítimos como los de las últimas semanas: deconstruir para dar más espacio a la playa. Representan un grano de arena en el hiperurbanizado litoral del país, pero son experiencias muy reales en las costas de Tarragona, Pontevedra, Castellón, Girona, Alicante... y, en algunos casos, ya han demostrado su eficacia frente a los embates del mar embravecido, una amenaza que se agrava con el cambio climático.
El oficial retirado de la Marina de EE UU comenzó a experimentar síntomas extraños. A sus 60 años, estaba en una excelente forma física, y solo bebía ocasionalmente alcohol. Pero, tras tomar antibióticos para tratar una inflamación de próstata, comenzó a experimentar episodios extraños: se sentía borracho sin haber probado el alcohol. Desorientación, somnolencia, dificultad para hablar. Los médicos de urgencias no lo creían, y su familia observaba su comportamiento con confusión. Tuvo que instalar un cierre de alcoholímetro en su vehículo, pero ni siquiera él sabía cómo explicar lo que le sucedía.
El que lo vivió sabrá de qué va el asunto: se descendía por unas escaleras y allí estaban una pantalla gigante proyectando un vídeo de Iron Maiden (por decir uno de los clásicos) interpretando The Trooper y cientos de heavies en la pista de baile zarandeando la melena con su guitarra imaginaria, dale que te pego, ejecutando punteos. Algunos mostraban una destreza que hoy triunfaría en la viralidad. Unas luces alucinantes y hasta humo elevándose por los laterales. La sala Canciller, el Canci, el Disney World de los rockeros. Se cogía la línea 5 del metro madrileño hasta El Carmen, una parada en un supermercado para aprovisionarse de litronas (envase de cristal) y, con el último sorbo, ya se accedía a la puerta, en Alcalde López Casero, número 15. Entrada: “500 pesetas con pelotazo”. Llegaban autobuses de muchas partes de España: rockeros atraídos por una discoteca que vivió en sus once años de existencia (de 1984 a 1995) 176 conciertos. Pero la fiesta acabó mal. Una triple alianza se llevó por delante Canciller: los vecinos del inmueble que residían encima, un concejal de distrito cuyos gustos distaban mucho del rock y el cura de la parroquia de la zona. Una historia con mucho de la España de entonces, que se parece en algo a la de ahora, y con un indigno muro que figura entre los grandes disparates municipales de la capital. Un documental, Canciller. El templo del rock (con pases regulares y coloquio al final de la proyección), cuenta ahora los pormenores de lo sucedido.
Cuando su hijo Jorge era alcalde de Zaragoza, Julio Azcón, que sufría demencia senil, no perdía una vieja costumbre que le acompañó toda la vida: leer el periódico. La cabeza es caprichosa, puede vaciarse pero mantener una férrea mecánica. Así que el anciano Azcón abría las páginas del diario, se quedaba absorto en alguna fotografía y de repente preguntaba: “¿Este es Jorge?”. “Sí”. “Pero, ¿es mi hijo?”. “Sí, sí”. “¡Pues es alcalde! ¡No me jodas!”. Al día siguiente ya lo había olvidado, así que volvía a la carga. “Dentro de la enorme desgracia que es una enfermedad así”, dice Jorge Azcón, ahora presidente de Aragón y candidato a la reelección por el PP, “al menos se ponía de buen humor todos los días: siempre descubría que su hijo era alcalde”.
Pilar Alegría (Zaragoza, 48 años) desayuna un café que pide para llevar en el bar de debajo de su casa. Lo enseña, ilusionada, quizá demasiado para ser un café en vaso de cartón. “Estos días no desayuno”, dice. Lleva un jersey morado y un vaquero gris. Sonríe un montón. También sonríe en el cartel electoral, pero es que esa foto se la hizo después de comerse una pantera rosa. No hay nadie de su generación que no sonría después de eso, incluso delante del cardiólogo. Marcos Cebrián, fotógrafo de campaña, cuenta que le hizo las fotos en su momento más relajado. “Me comí el pastelito y posé”, confirma Alegría. Por Alegría, por tus derechos es el lema de la campaña (ofrecer una candidata apellidada Alegría a unos publicitarios es darles el día libre).
“La cocina es un buen lugar para esconderte cuando no tienes papeles”, dice Hanan el Bergui, que era una muchachita de apenas 18 abriles cuando se colocó de pinche en Barcelona, hace ya 23 años de eso, oculta de los comensales que disfrutaban y reían frente a sus platos. En 2005, cerca de 600.000 personas vivían en la clandestinidad, como Hanan, de la casa al trabajo, silenciosos en el metro, nerviosos en la panadería, huidizos como ratones cuando andaban por la calle, el bar ni pisarlo, los cumpleaños, en casa. Entonces llegó la regularización de Zapatero, así la llaman, porque fue aquel presidente el que sacó a la luz las vidas atemorizadas de aquellos trabajadores que esperaban sin atreverse a protestar su documento de residencia y un contrato en regla. Algunos de ellos recuerdan hoy, cuando el Gobierno acaba de anunciar la nueva legalidad para medio millón de personas, cómo fue su paso del miedo a la libertad.
Una tintorería, un parque de juegos para niños... cualquier negocio menos una granja de gallinas para vender huevos. Cuando Julián González (Madrid, 41 años) decidió mudarse desde Venezuela a la pequeña localidad toledana de Orgaz, de 2.600 habitantes, no tenía entre sus planes dedicarse al campo. Esa idea era solo un sueño de jubilación de su padre. Sin embargo, relata que “tras estudiar y concluir que el sector de los huevos iba a crecer en España”, en enero de 2020 decidió fundar junto a su familia ecogranja La Pradera, una pequeña empresa que produce 400 huevos ecológicos cada día. Los datos le han dado la razón, ya que su consumo en España ha crecido un 17% en los últimos cinco años, según los datos más recientes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Ese incremento en el consumo ha venido acompañado de una meteórica subida de precios, del 31% el año pasado, según los datos del índice de precios de consumo (IPC) que ofrece el Instituto Nacional de Estadística. Si se tiene en cuenta la evolución desde 2021, el precio casi se ha duplicado. Tanto González como todos los expertos consultados consideran que ese encarecimiento tensa el mercado y tiene una complicada solución.
Una estampa se repite en Barcelona todos los inicios de febrero desde hace más de 20 años. Las calles de la ciudad se llenan de crímenes (literarios) y los lectores acuden en masa a la gran fiesta de la ficción criminal en España. Los cerca de ochenta autores convocados por el comisario de BCNegra, Carlos Zanón, suponen una heterogénea muestra de todo lo que puede dar de sí el género a lo largo y ancho del mundo. Tres de ellos (S. A. Cosby, Jordan Harper y Richard Price) vienen de una superpotencia en seria deriva autoritaria, con las fuerzas del orden desplegadas en las calles contra sus ciudadanos y el presidente Donald Trump jugando al Risk en el tablero internacional. Su obra, popular, sólida en lo literario y crítica en lo social, adquiere en este contexto una nueva dimensión. Este diario ha conversado con los tres, además de su compañero Don Winslow y otras voces, para sondear el estado de la cuestión y discutir la pertinencia de la novela negra como herramienta de crítica social.
El febrero televisivo se presenta como un mes de tránsito en lo que respecta a los grandes estrenos. Los pesos pesados esperan a la primavera, y las fiestas navideñas y el comienzo del año, cuando también suele llegar savia nueva, ya han quedado atrás. Entre los estrenos interesantes que vendrán en los próximos meses hay mucha producción británica y la continuación de una de las series más adictivas de 2025, además del aterrizaje del último gran fenómeno seriéfilo, Más que rivales.
VanishedEstreno. Día 1 en MGM+.The Copenhagen TestEstreno. Día 2 en SkyShowtime.La gran boda samiEstreno. Día 3 en SundanceTV.The RookieOctava temporada. Día 4 en Warner TV.Star Trek: Academia de la Flota EstelarEstreno. Día 5 en SkyShowtime.El abogado del LincolnCuarta temporada. Día 5 en Netflix.Domino DayEstreno. Día 5 en Syfy.CrossSegunda temporada. Día 11 en Amazon Prime Video.Murder Before EvensongEstreno. Día 11 en AMC+.Rafaela y su loco mundoEstreno. Día 15 en Atresplayer.Como agua para chocolateSegunda y última temporada. Día 16 en HBO Max. Dark WindsCuarta temporada. Día 16 en AMC+.BrassicSexta temporada. Día 17 en Filmin.56 daysEstreno. Día 18 en Amazon Prime Video. El agente nocturnoTercera temporada. Día 19 en Netflix. Lo último que me dijoSegunda temporada. Día 20 en Apple TV.A Better ManEstreno. Día 24 en Filmin.Monarch: el legado de los monstruosSegunda temporada. Día 27 en Apple TV.The ‘BurbsEstreno. Día 27 en SkyShowtime.Consulta el resto de las fechas de estrenos y regresos en nuestro calendario de seriesUna, más o menos coetánea de la entrevistada, tiene una cierta idea de Carmen Conesa, aunque, como a otras actrices de su edad, haga tiempo que no la vea en pantalla en papeles de protagonista. Una mujer alta y espigada al modo de las bailarinas, con una melena de rizos rubios volando al viento, aunque no haga viento. Y es esa misma estampa, con el tamiz de los años en la voz y en el rostro, la que se materializa en el atrio del teatro Fernán Gómez de Madrid, donde ultima los ensayos de El jardín de los cerezos, el clásico de Chéjov, y donde hemos quedado para charlar sin prisas. Antes, ofrece su cutis sin retoques al fotógrafo sin ponerle media pega, a diferencia de otras celebridades más jóvenes y menos prestigiosas. No le hace falta. Hipnotiza a la cámara.
UNA MUJER DE HOY EN DÍACarmen Conesa (Barcelona, 65 años), saltó a la fama como coprotagonista, junto a Diana Peñalver, de Las chicas de hoy en día, una serie dirigida por Fernando Colomo a principios de los noventa, que aún triunfa en la plataforma de RTVE. Desde entonces, su nombre es presencia habitual en montajes teatrales, musicales y dramáticos. Su formación como actriz, bailarina, música y pintora le da herramientas para defenderse en todos ellos. Pero su mejor instrumento, dice, es su cuerpo.
Venía flaqueando el fulgor de Andrés Iniesta como mito nacional compartido cuando otro Iniesta, este de nombre Robe, se reveló, tras su reciente muerte, como el inesperado candidato a protagonizar la narrativa que podía refundir una nación. Comentaristas de izquierdas, de derechas, de centro e incluso de extremo centro maldijeron el fallecimiento del trasunto de Jesucristo García con la misma pena biográfica: Robe Iniesta hablaba de la vida de todos los españoles, al parecer.
Apenas un año antes de morir, el novelista Paul Auster escribía Un país bañado en sangre, ensayo cuyo afán consistía en tratar de entender de dónde brotaba la violencia consustancial a su país. Contaba con las fotos que su yerno, el fotógrafo Spencer Ostrander, había tomado en los lugares donde se habían producido matanzas recientes, teniendo como matanzas aquellas tragedias en las que son abatidas más de cuatro personas. Me pregunto por qué el hombre anciano y enfermo que era ya Auster quiso dejarnos esta reflexión sobre el mayor hecho diferencial de Estados Unidos, el que lo convierte en el país más violento del mundo occidental. Parte su ensayo de una oscura historia familiar: su abuela asestó varios tiros a su abuelo en la cocina teniendo a los niños, entre ellos el padre de Auster, presentes en casa. Un crimen del que fue absuelta por considerar la justicia que había actuado enajenada, ciega por vengar el comportamiento de un marido que se había fugado con otra abandonando a la familia en la indigencia. Nunca se habló de esta historia, pero la violencia afecta más allá de las heridas de bala. La abuela impuso a los hijos el silencio y no fue hasta los años 70 cuando el nieto Auster conoció la verdad de este sórdido capítulo por una de esas casualidades que el escritor tomó como naturales en su literatura: un desconocido que provenía del pueblo de Wisconsin en el que sucedieron los hechos desveló el misterio. Quién sabe si esa necesidad de ahondar en las razones por las que cada año se dan en EE UU 40.000 muertes por armas de fuego proviniera también del dolor que le provocó el final fatal de su nieta bebé por sobredosis y la posterior muerte de su hijo Daniel, drogadicto desde adolescente e involucrado en su juventud en el terrible asesinato de un camello. Auster escribió el ensayo un año después de la muerte de su hijo y un año antes de la suya propia.
Muchas veces las posiciones de la oposición doméstica en asuntos internacionales son poco más que brindis al sol. No la comprometen, pues no suele ser actora relevante hacia el exterior. Al menos no en igual medida en que puede ser costosa para el Gobierno. Y el Estado al que encarna.
Pasadas las vacaciones de Navidad, empiezan los nervios en segundo de bachillerato. También aquí. Valencia de Alcántara, Extremadura, en la raya con Portugal y con muchísimo viento. “Son los meses Fortasec”, explica el viejo profesor, ya jubilado, nada más cruzar la puerta del instituto. Al entrar en uno de los edificios, a mano derecha, una exposición para conmemorar el centenario del poeta que nació en el pueblo: José María Valverde, héroe civil olvidado incluso en su centenario. En una cartulina azul, una fotografía del día que les visitó y les regaló los libros que están en la vitrina y que enriquecieron una pobre biblioteca escolar. Es de principios de la década de los noventa, cuando por fin habían concluido las obras en tuberías y alcantarillado que permitieron tener agua corriente durante todo el día para todos los vecinos. Debajo de la fotografía un pie sencillo, escrito en mayúsculas y con rotulador verde: “Una vista al futuro”. Cada día esos estudiantes de bachillerato lo miran, al futuro, porque cada vez falta menos para el examen de Selectividad y allí en parte se lo juegan: ¿Irse? ¿Estudiar carrera? ¿Vivir en la ciudad?