ARTICULO PRIMERO.- Conformar, el Comité de Dirección de...
"Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”
El sistema que España usa para saber de qué muere su población es lento, en opinión de algunos expertos en salud pública. Entre el fallecimiento de una persona y la publicación de las estadísticas provisionales pasa más de medio año, casi doce meses para conocer las definitivas. Es un retraso que puede limitar la vigilancia de la salud pública, especialmente ante crisis sanitarias y epidemias.
El vallisoletano Sergio Delgado tenía 32 años cuando murió de un puñetazo “por ser de Valladolid” mientras se encontraba en Burgos celebrando una despedida de soltero. Sucedió en la noche del 24 de febrero de 2024 en una zona de fiesta de la capital burgalesa cuando, sin mediar provocación o discusión, José Luis N.I., de 23 años, le dio un puñetazo en la cara al conocer que procedía de Valladolid en un contexto de rivalidad social y deportiva entre ambas ciudades. El impacto fue tan grave que Delgado murió. El implicado fue detenido y pasó a prisión provisional. El juicio comienza este lunes 2 de febrero con 12 años de cárcel solicitados por la Fiscalía por homicidio y 20 reclamados por la familia por asesinato. Los allegados han rememorado al fallecido estos días previos al encuentro con el juez y el jurado popular. Piden “justicia real”, “que nunca más se repita”, y recuerdan que la víctima no discutió con nadie aquella noche ni provocó al atacante, que declarará el viernes 6.
Según la leyenda, quien deshiciera el imposible nudo del carro de la antigua ciudad de Gordio (a unos 100 kilómetros de la actual capital de Turquía) estaba llamado a conquistar Asia. Alejandro Magno lo cortó con su espada. Al igual que sucedió en la que fuera capital de Frigia, en la tecnología, un planteamiento aparentemente simple puede desenmarañar un complejo problema que frena avances fundamentales. El nudo gordiano de la computación cuántica es que cada cúbit (la unidad de información de esta tecnología, como lo es el bit en informática clásica) que se incorpora al procesador supone un desafío científico porque su vulnerabilidad ante cualquier interferencia (conocida como ruido) reduce, limita o anula su exponencial capacidad de cálculo.
Las dos esculturas que fueron expoliadas del pórtico de la iglesia del monasterio de Carboeiro en Silleda (Pontevedra), una de las joyas arquitectónicas del románico en Galicia, están preparadas en Cataluña para regresar a su tierra. Desde los años ochenta las piezas permanecían en el Museo de Arte Frederic Marès, del Ayuntamiento de Barcelona, hasta que en 2023 la Xunta pudo reclamarlas tras el hallazgo casual de unos documentos que probaban que eran objetos robados. Los legajos probaban que habían sido sustraídas en los años cincuenta, dos décadas antes de ser adquiridas por el museo catalán.
Acudir en Malabo a una reunión técnica para explicar las deficiencias de la instalación de la televisión digital terrestre y acabar preso en las mazmorras de Black Beach, la siniestra cárcel de los horrores que dirigió Teodoro Obiang Nguema, el presidente de Guinea Ecuatorial. Ese ha sido el camino inesperado que han recorrido dos trabajadores españoles rehenes de los Obiang. Un calvario de indefensión por el que antes han pasado decenas de emprendedores españoles que sin medir los riesgos cayeron en la peligrosa mafia de la antigua colonia española.
Los brasileños se han familiarizado a toda prisa con el acrónimo Enamed. Corresponde a las iniciales en portugués de un examen nacional con el que el Ministerio de Educación ha evaluado por primera vez la formación de los futuros médicos. Y sus escandalosos resultados. Resulta que un tercio de las licenciaturas de medicina analizadas no prepara a los alumnos para ejercer la profesión en unas condiciones mínimas aceptables para el ministerio. También suspende un 25% del alumnado. Resultados que causan alarma y aprensión entre la ciudadanía además de un intenso debate sobre dos cuestiones: la facilidad para implantar facultades universitarias y cómo lograr médicos aceptablemente formados para atender a 212 millones de habitantes en un territorio con muchas regiones de difícil acceso y tan grande como Estados Unidos sin Alaska. Ningún otro país tiene un sistema de sanidad pública mayor que el brasileño.
¿Cómo siguen los Coleman? Claudio Tolcachir se topa de vez en cuando en la calle con esa pregunta. Él contesta, entre sorprendido y feliz: “Bien, siguen bien”. La realidad es que esa familia Coleman —abuela, hija, nietos, amigos y otros— sigue viva. Tan viva y real como hace 25 años, cuando en la pequeña vivienda de Claudio Tolcachir en Buenos Aires, a la que se accedía tocando el timbre número cuatro de la calle, se estrenó La omisión de la familia Coleman, primera obra escrita y dirigida por este actor y dramaturgo argentino, que se convirtió en un fenómeno teatral que todavía perdura. Hasta la fecha se han hecho cerca de 2.200 funciones, se ha estrenado en 24 países y 54 festivales internacionales, teatros de circuito independiente o más comerciales.
Tienen los principios de la Champions algo del espíritu de la Copa del Rey, esa mezcla de grandes y pequeños con la posibilidad de resultados inesperados, aunque la sorpresa en este caso solo es regalo cuando el que observa el partido no siente la presión de la bufanda del equipo que se la está jugando. La semana dejó sustos de diferente tamaño y desenlace: el Atlético de Madrid cayó ante el noruego Bodo Glimt —“modesto, pero bonito de ver”, escribió Ladislao J. Moñino en su crónica—; el Barça empezó perdiendo contra el Copenhague, llegó al minuto 59 con el empate y marcó tres goles en 25 minutos; el Madrid perdió ante el Benfica (4-2), incluyendo un cabezazo fenomenal en el minuto 97 del portero Trubin, que salió escopetado de su casa en el descuento para tomar la última frente a Courtois.
El fútbol es un negocio raro. Depende de que la pelota entre. Y para que eso suceda se tienen que dar una serie de condiciones que escapan al control de todos los actores del juego. De quienes están sobre el césped, de quienes se sientan en el banquillo o de las personas que ocupan un asiento en el palco. Se puede entrenar fantásticamente bien y perder. Se puede gestionar un club de una manera eficiente y quebrar. Porque en el balompié hay un elemento intangible e incontrolable. Por eso engancha tanto y por eso atrae a tanta gente del mundo de los negocios que, para demostrar que los refranes aplican a ricos y pobres, se empeñan una y otra vez en adquirir clubes, aplicarles la lógica empresarial e intentar demostrar que saben más que nadie; de gestión, de fútbol y de lo que se ponga por delante.
El Moreno y el Pajarito son actores secundarios del narcotráfico español. Dos veinteañeros nacidos en Algeciras y Ceuta, con antecedentes por agresiones y resistencia a la autoridad, que habían encontrado un nicho de mercado dando “servicios de seguridad” a traficantes de cocaína o hachís en el sur de España. Sin embargo, el martes 27 de enero eran los objetivos principales de un despliegue policial que movilizó 250 agentes de Policía Nacional en Málaga y Sevilla.
El hombre, mutilado, camina serio y con muletas por las ruinas de Ciudad Universitaria. Viste traje, lleva bigote de posguerra y mira la desolación del paisaje después de la batalla. Los esqueletos de hormigón armado, las trincheras abiertas, los nidos de ametralladoras. Miles de agujeros de proyectil dibujan un tétrico hueco relieve en las fachadas. Cerca se yerguen, en mitad de la nada, una corona y una cruz en recuerdo a los difuntos. Son las vísceras al aire de un país muerto. El hombre solitario piensa, se supone, en los muertos que se llevó la guerra y en cómo él mismo perdió la pierna en aquella maldita guerra. Se supone. Porque nada es como parece en este corto documental de 15 minutos que proyecta una sala del IVAM de València.
Tuvieron el programa perfecto y lo dejaron escapar. Los apestados de Mediaset (antaño su buque insignia) salieron del Telecittà de Paolo Vasile con una maleta llena de sueños. Allí dentro quedó Jorge Javier igual que en la caja de Pandora quedó la esperanza. Ellos, los compañeros, a la rue. Se instalaron en Canal Ten donde, supongo, les prometieron ganar más dinero con el paso del tiempo, pero el dinero no llegó, o al menos no en las cantidades esperadas. El ritmo de vida de la familia Sálvame era, suponemos, elevado. Las promesas de “volver a la tele” se materializaron en forma de un programa que nunca debió ser: La familia de la tele. Menudo esperpento fue aquello, y qué poco duró. Se despidieron con una puesta en escena que remitía al Libro de los Muertos, pero la realidad es que estaba más cerca de La corte de Faraón. Se fueron de TVE con bajísimas audiencias, pésimas críticas, y menos colaboradores.
Los estudios más fiables apuntan a que uno de cada diez adolescentes presenta un uso problemático de redes sociales y uno de cada tres está en riesgo de cruzar esa línea. Como con los adultos, la frontera entre hábito y dependencia se vuelve difusa, y las consecuencias son tangibles: más espacios para el bullying, más presión sobre la autoimagen, alteraciones del sueño, peor rendimiento escolar.
Los aranceles, según suelen decir los economistas más reacios, operan como una suerte de impuesto autoinfligido a la población, como la inflación. La ola arancelaria que lanzó Donald Trump en abril de 2025, aquel “Día de la Liberación”, según el presidente lo bautizó, ha hecho buena la premisa. El coste de los gravámenes a los productos importados ha recaído principalmente en el lado estadounidense, bien a costa del margen del beneficios de los comercializadores de esos bienes en el país o bien en el bolsillo de los consumidores por el aumento del precio final, según han concluido varios estudios sobre el impacto en 2025 y ha constatado también el Fondo Monetario Internacional (FMI). Eso sí, los efectos de segunda ronda o de medio plazo, sin embargo, pueden asomar aún la patita.
Los ayuntamientos de Madrid y Barcelona han puesto en el punto de mira a los pisos turísticos, a los que acusan de ser uno de los causantes de la crisis de vivienda en las dos capitales, que registran precios de venta y alquiler en máximos y cuentan con una oferta en mínimos históricos. La estrategia de los consistorios para abordar el problema, sin embargo, ha sido diferente.
No asistir al estreno de tu propio documental es el tipo de conducta descuidada que le pega a Courtney Love. “Estamos muy tristes de que no haya podido venir esta noche para celebrar este momento con todos nosotros”, se disculpó el director Edward Lovelace ante el público del Festival de Cine de Sundance el pasado 27 de enero, durante la proyección de Antiheroine, el documental protagonizado por ella y dirigido por él junto con James Hall. Tras más de una década prácticamente alejada de los focos y sin lanzar música (su último disco es de 2004), la presencia de la líder de Hole, de 61 años, generó unas expectativas que no se cumplieron, pero su ausencia también permitió que la atención se centrara en los 98 minutos de cinta. “Courtney Love, cantante, compositora y actriz, está sobria y se prepara para lanzar nueva música después de una década, lista para compartir su historia sin filtros”, dice la sinopsis. La película busca todavía distribuidor, así que los ahí presentes son los únicos que han podido verla por ahora, y a juzgar por la recepción que ha tenido es una necesaria aproximación al lado más íntimo y desconocido de Love.
Hace poco más de un mes la montaña rusa más larga, alta y rápida del mundo fue inaugurada en el parque de atracciones Six Flags de Al-Qiddiya. Falcon’s Flight (“el vuelo del halcón”) es una montaña rusa de categoría giga coaster y los vídeos de los que ya se han subido y graban el recorrido suman en diferentes plataformas y formatos millones de visualizaciones. Aparentemente, en un mundo en el que la IA se perfecciona por minuto y todo el entretenimiento posible parece pensado para caber en los 16 centímetros de la diagonal de la pantalla de un iPhone, las montañas rusas siguen causando una fascinación particular e irreemplazable tras 300 años de existencia.