ARTICULO PRIMERO.- Conformar, el Comité de Dirección de...
"Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”
El secretario de Estado de Telecomunicaciones, Antonio Hernando, y el ex secretario de Organización del PSOE Santos Cerdán comparecen este lunes como testigos ante los tribunales de instancia (antiguos juzgados) de Madrid. El juez Arturo Zamarriego quiere interrogarles sobre las reuniones en las que participaron en abril de 2024 con la exmilitante socialista Leire Díez. Sus testimonios se sumarán a la causa en la que se investiga a Díez por presuntos delitos de tráfico de influencias y cohecho.
El Gobierno ha confirmado que subirá ya en este año el salario mínimo interprofesional (SMI) hasta los 17.094 euros brutos anuales en 14 pagas, un 3,1% más que en 2025. Una vez despejada la duda de cuál será la cuantía del incremento ―un debate que se ha dilatado varias semanas por las negociaciones entre el Ministerio de Trabajo y los agentes sociales―, el movimiento inmediato que preparan en el Ejecutivo es la adaptación del impuesto sobre la renta al aumento, con el objetivo de que los perceptores del nuevo suelo retributivo sigan sin tributar. El Ministerio de Hacienda barajaba ampliar la actual deducción del IRPF para adecuarla al nuevo SMI, tal y como adelantó este periódico en diciembre. Según fuentes del departamento, la decisión ya está confirmada y se aprobará próximamente mediante una ley.
Barcelona se levantó el pasado 21 de enero con un apagón ferroviario. Por su extensa red de más de 1.100 kilómetros no pasaba ni un solo tren. Un accidente en Gelida (Barcelona) la noche anterior que supuso la muerte de un maquinista y varios desprendimientos en la línea de la costa por el temporal llevaron a la parálisis de todo el servicio, dejando a unos 400.000 usuarios diarios afectados. Diez días después, la circulación no se ha recuperado aún por completo: siguen las incidencias, los trenes circulan a baja velocidad en algunos puntos y a otros directamente no llegan a su destino.
Cuenta Arancha González Laya (San Sebastián, 56 años) que en 2021, cuando abandonó el Ministerio de Asuntos Exteriores, “el cielo estaba cargado” de nubarrones en el panorama internacional y que ahora “llueve torrencialmente”. Eran los tiempos de la “desordenada salida de Afganistán” y Rabat la había sentenciado — “No hay ningún contacto con España”, declaró el jefe de la diplomacia marroquí“— tras descubrir que el Gobierno había permitido que el líder del Frente Polisario Brahim Gali fuera hospitalizado en Logroño cuando enfermó de covid. En plena crisis con Marruecos, su móvil fue hackeado. El cese llegó apenas 17 meses después de asumir el cargo, pero le dio tiempo a “dejar atada la negociación con Reino Unido sobre Gibraltar” y a realizar “una estrategia que aumentaba el compromiso de gasto en cooperación en África”, e impulsar “la diplomacia femenina”. Antes, esta abogada políglota (habla seis idiomas) que dejó el sector privado “para servir al interés público”, había sido jefa de gabinete del director de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional de la ONU, además de ocupar varios puestos en la Comisión Europea. Hoy es decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París.
Postergar eternamente esa tarea importante, darse un atracón de pizza o rememorar una y otra vez aquel episodio vergonzoso y terrible de nuestro pasado. Son formas de autosabotaje, comportamientos habituales que pueden llegar a ser dañinos, pero que tienen una base evolutiva, nuestro cerebro nos empuja a ellos para sobrevivir. Esta es la sugerente tesis que explica el psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland en su libro Controlled Explosions in Mental Health (sin traducción al español). “El cerebro humano evolucionó para la supervivencia, no para conseguir felicidad o paz interior. Todo gira en torno a protegernos”, explica el experto en conversación con EL PAÍS. Esto implica que si hay una situación ambigua, tu cerebro la interpretará como un peligro. Intentará primar la supervivencia a tu salud mental. Es algo que empezó a hacer hace milenios y que ha llegado hasta nosotros ampliado por una simple cuestión evolutiva.
Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible, se dijo Don Quijote al contemplar el fracaso de sus ilusiones. Los impulsos a la hora de desfacer entuertos solían jugarle malas pasadas. Estaba condenado a enredarse con sus locuras y sus entuertos. Los nobles ideales de la justicia y el afán por defender a los débiles ante los malandrines quedaban escondidos bajo los molinos de viento. Eran los excesos disparatados del caballero de lanza en ristre, adarga antigua y rocín flaco. Las cosas han cambiado mucho en el argumento de la novela que vivimos. Ahora son los encantadores quienes actúan como locos, mientras el quijotismo se encarna en el sentido común y en la gente que va de su corazón a sus asuntos sin molestar a nadie. Hay que ser quijotes para reafirmarse en la defensa de los derechos, la libertad, la igualdad y la fraternidad, aspiraciones muy mediocres en este vendaval de amenazas que anima los foros nacionales e internacionales. Quijotes, pero de un heroísmo poco ruidoso, porque las furias están con los que han renunciado a cualquier ideal que no sea el arrebato de su propio individualismo. Y no basta con la sensatez de Sancho; hay que ser verdaderos quijotes para seguir manteniendo el respeto a una convivencia democrática.
En su primera campaña política, cuando se presentó como candidato al consejo estudiantil de su instituto, Santa Monica High, Stephen Miller ya reivindicaba el derecho a tirar basura al suelo y a tener Estados Unidos para los “solo estadounidenses al 100%”. Salvo por la mata de pelo, claramente el mismo Miller ha sustituido a Steve Bannon, Elon Musk, Jared Kushner y hasta a los propios hijos en el corazón de Donald Trump. “El presidente adora a Steven”, ha dicho la secretaria de prensa y segunda favorita, Karoline Leavitt. ¿Qué será lo que le da?
No hay mayor signo de debilidad que sobrevivir por pura reacción contra tu adversario. Y desde hace algunos años, gran parte de la derecha intelectual y política en España ha hecho de esta dependencia una forma de vida. Son muchas las objeciones que pueden hacérsele al actual Gobierno, pero el disenso legítimo puede acabar provocando atrofias cuando el combate con tu adversario se convierte en una suerte de trauma. El antisanchismo es, sin duda, una posición política provista de razones. Pero corre el riesgo de transformarse en una obsesión invalidante capaz de arrasar cabezas que en otro tiempo fueron creativas.
Es una mentira sin matices y, tal vez precisamente por eso, tiene un enorme éxito desde hace al menos una década. La primera campaña presidencial de Donald Trump envenenó la política estadounidense, y buena parte de la global, cabalgando falsedades fáciles de inocular en las redes sociales. El magnate, que ganó las elecciones de 2016 pese a obtener casi tres millones de votos directos menos que su rival, Hillary Clinton, llegó a afirmar que sí logró el apoyo popular mayoritario si se restaban del cálculo “los millones de personas que votaron ilegalmente”. Casi diez años después, esa idea pervive en el universo del movimiento MAGA (Make America Great Again) y en los entornos de ultraderecha a las dos orillas del Atlántico.
En la última edición de Arco, dos galerías europeas, una española y otra francesa, exponían en sus paredes a un conocido pintor español. Los tamaños de las obras y las fechas eran similares. Pero en el negocio del marchante español, la carga impositiva era del 21%. En el del vecino, un 5,5%. La opción del coleccionista no plantea muchas dudas, de tal manera que el español siempre queda en clara desventaja. El IVA con el que España grava este tipo de operaciones, el 21%, decidido en 2012 por el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se ha mantenido hasta ahora, sin que ningún Gobierno, incluido el actual, haya accedido a aplicar la directiva europea de 2022 según la cual cada Estado miembro puede aplicar tipos reducidos de IVA (mínimo 5%) a bienes y servicios culturales. De esta forma, Italia aplica el 5%; Francia el 5,5%; Alemania el 7%, y Portugal, el 6%.
El sistema que España usa para saber de qué muere su población es lento, en opinión de algunos expertos en salud pública. Entre el fallecimiento de una persona y la publicación de las estadísticas provisionales pasa más de medio año, casi doce meses para conocer las definitivas. Es un retraso que puede limitar la vigilancia de la salud pública, especialmente ante crisis sanitarias y epidemias.
El vallisoletano Sergio Delgado tenía 32 años cuando murió de un puñetazo “por ser de Valladolid” mientras se encontraba en Burgos celebrando una despedida de soltero. Sucedió en la noche del 24 de febrero de 2024 en una zona de fiesta de la capital burgalesa cuando, sin mediar provocación o discusión, José Luis N.I., de 23 años, le dio un puñetazo en la cara al conocer que procedía de Valladolid en un contexto de rivalidad social y deportiva entre ambas ciudades. El impacto fue tan grave que Delgado murió. El implicado fue detenido y pasó a prisión provisional. El juicio comienza este lunes 2 de febrero con 12 años de cárcel solicitados por la Fiscalía por homicidio y 20 reclamados por la familia por asesinato. Los allegados han rememorado al fallecido estos días previos al encuentro con el juez y el jurado popular. Piden “justicia real”, “que nunca más se repita”, y recuerdan que la víctima no discutió con nadie aquella noche ni provocó al atacante, que declarará el viernes 6.
Según la leyenda, quien deshiciera el imposible nudo del carro de la antigua ciudad de Gordio (a unos 100 kilómetros de la actual capital de Turquía) estaba llamado a conquistar Asia. Alejandro Magno lo cortó con su espada. Al igual que sucedió en la que fuera capital de Frigia, en la tecnología, un planteamiento aparentemente simple puede desenmarañar un complejo problema que frena avances fundamentales. El nudo gordiano de la computación cuántica es que cada cúbit (la unidad de información de esta tecnología, como lo es el bit en informática clásica) que se incorpora al procesador supone un desafío científico porque su vulnerabilidad ante cualquier interferencia (conocida como ruido) reduce, limita o anula su exponencial capacidad de cálculo.
Las dos esculturas que fueron expoliadas del pórtico de la iglesia del monasterio de Carboeiro en Silleda (Pontevedra), una de las joyas arquitectónicas del románico en Galicia, están preparadas en Cataluña para regresar a su tierra. Desde los años ochenta las piezas permanecían en el Museo de Arte Frederic Marès, del Ayuntamiento de Barcelona, hasta que en 2023 la Xunta pudo reclamarlas tras el hallazgo casual de unos documentos que probaban que eran objetos robados. Los legajos probaban que habían sido sustraídas en los años cincuenta, dos décadas antes de ser adquiridas por el museo catalán.
Acudir en Malabo a una reunión técnica para explicar las deficiencias de la instalación de la televisión digital terrestre y acabar preso en las mazmorras de Black Beach, la siniestra cárcel de los horrores que dirigió Teodoro Obiang Nguema, el presidente de Guinea Ecuatorial. Ese ha sido el camino inesperado que han recorrido dos trabajadores españoles rehenes de los Obiang. Un calvario de indefensión por el que antes han pasado decenas de emprendedores españoles que sin medir los riesgos cayeron en la peligrosa mafia de la antigua colonia española.
Los brasileños se han familiarizado a toda prisa con el acrónimo Enamed. Corresponde a las iniciales en portugués de un examen nacional con el que el Ministerio de Educación ha evaluado por primera vez la formación de los futuros médicos. Y sus escandalosos resultados. Resulta que un tercio de las licenciaturas de medicina analizadas no prepara a los alumnos para ejercer la profesión en unas condiciones mínimas aceptables para el ministerio. También suspende un 25% del alumnado. Resultados que causan alarma y aprensión entre la ciudadanía además de un intenso debate sobre dos cuestiones: la facilidad para implantar facultades universitarias y cómo lograr médicos aceptablemente formados para atender a 212 millones de habitantes en un territorio con muchas regiones de difícil acceso y tan grande como Estados Unidos sin Alaska. Ningún otro país tiene un sistema de sanidad pública mayor que el brasileño.
¿Cómo siguen los Coleman? Claudio Tolcachir se topa de vez en cuando en la calle con esa pregunta. Él contesta, entre sorprendido y feliz: “Bien, siguen bien”. La realidad es que esa familia Coleman —abuela, hija, nietos, amigos y otros— sigue viva. Tan viva y real como hace 25 años, cuando en la pequeña vivienda de Claudio Tolcachir en Buenos Aires, a la que se accedía tocando el timbre número cuatro de la calle, se estrenó La omisión de la familia Coleman, primera obra escrita y dirigida por este actor y dramaturgo argentino, que se convirtió en un fenómeno teatral que todavía perdura. Hasta la fecha se han hecho cerca de 2.200 funciones, se ha estrenado en 24 países y 54 festivales internacionales, teatros de circuito independiente o más comerciales.
Tienen los principios de la Champions algo del espíritu de la Copa del Rey, esa mezcla de grandes y pequeños con la posibilidad de resultados inesperados, aunque la sorpresa en este caso solo es regalo cuando el que observa el partido no siente la presión de la bufanda del equipo que se la está jugando. La semana dejó sustos de diferente tamaño y desenlace: el Atlético de Madrid cayó ante el noruego Bodo Glimt —“modesto, pero bonito de ver”, escribió Ladislao J. Moñino en su crónica—; el Barça empezó perdiendo contra el Copenhague, llegó al minuto 59 con el empate y marcó tres goles en 25 minutos; el Madrid perdió ante el Benfica (4-2), incluyendo un cabezazo fenomenal en el minuto 97 del portero Trubin, que salió escopetado de su casa en el descuento para tomar la última frente a Courtois.
El fútbol es un negocio raro. Depende de que la pelota entre. Y para que eso suceda se tienen que dar una serie de condiciones que escapan al control de todos los actores del juego. De quienes están sobre el césped, de quienes se sientan en el banquillo o de las personas que ocupan un asiento en el palco. Se puede entrenar fantásticamente bien y perder. Se puede gestionar un club de una manera eficiente y quebrar. Porque en el balompié hay un elemento intangible e incontrolable. Por eso engancha tanto y por eso atrae a tanta gente del mundo de los negocios que, para demostrar que los refranes aplican a ricos y pobres, se empeñan una y otra vez en adquirir clubes, aplicarles la lógica empresarial e intentar demostrar que saben más que nadie; de gestión, de fútbol y de lo que se ponga por delante.