ARTICULO PRIMERO.- Conformar, el Comité de Dirección de...
"Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”
—Las mujeres en la Iglesia jugamos con la jerarquía al escondite inglés.
Tenía un hoyuelo en la barbilla. Era presumido, a su manera, y no le perjudicaba que lo comparasen con Kirk Douglas. No nació con él. Iba a decir que no era natural, el hoyuelo, pero tampoco sería exacto. Una cicatriz de su época de niño vaquero, hecha con la voluntad de estilo propia de la naturaleza. Lo recordaba de tal manera que el hoyuelo tenía la forma de un cuento. Era hijo de Dominga, costurera, y Manuel, carpintero. Dominga enfermó y hubo que repartir la prole en casas familiares. A mi padre lo llevaron con sus abuelos campesinos. Estaba un día al cuidado de las vacas, cuando oyó que crujían las vigas del cielo. La primera vez que veía un avión y de qué manera. El bimotor volaba tan bajo, tan a ras, que mi padre aseguraba que, por un instante, cruzó la mirada con el piloto. Y la misma curiosidad tuvo la vaca que pacía a su lado. Levantó la testa y el pitón de un cuerno justo acertó en la barbilla del chaval. Cuando recobró el sentido, tenía el hoyuelo.
Hoy, uno de los tecnooligarcas norteamericanos más influyentes y uno de los hombres más ricos del mundo asistirá a una misa en latín en la basílica de San Juan de los Florentinos. Al tratarse de este personaje y sus ideas, el caso lo dominan tanto la controversia como el secretismo; hay a partes iguales fascinación e inquietud. Lo que se sabe con certeza es que Peter Thiel está en la Ciudad Eterna para impartir un nuevo curso sobre el Anticristo, una de sus obsesiones y cuya mejor encarnación sería una figura como Greta Thunberg. Si a las siete de la tarde pasean por la Via Giulia en Roma tal vez puedan contemplar a Thiel, como quien ve a un teólogo poseído por el Maligno, aunque es improbable que luego les dejen acceder a la iglesia, porque con él la clave siempre es el enigma que oculta la lógica final de sus razonamientos apocalípticos.
Dos semanas después de su estallido, la guerra en Irán ha entrado en una fase en la que, de forma paralela a la respuesta militar, la estrategia de Teherán pasa por declarar la guerra a la economía global. Los misiles y drones iraníes han atacado instalaciones de gas y petróleo en Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, y han bloqueado el estrecho de Ormuz, lo que ha disparado el precio del crudo, ha provocado una sacudida en las Bolsas y tiene el potencial de desatar una crisis económica global con graves consecuencias también para los promotores del conflicto. Este sábado, Estados Unidos bombardeó instalaciones militares en la isla de Jarg, la principal terminal petrolera de Irán.
El 9 de octubre de 2023, dos días después de que Hamás causase la jornada más letal para Israel (unos 1.200 muertos) con su ataque sorpresa, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, pronunció una frase que sonó más a desideratum que a plan: “Vamos a cambiar Oriente Próximo. Este es solo el principio”. Su fuerza aérea lanzaba entonces sobre Gaza casi mil bombas al día, matando a cientos de personas a diario.
La cuenta de Donald Trump en la red social Truth no es solo una plataforma para sus anuncios o una ventana a su estado de ánimo; también funciona como un medidor volátil de su paciencia y de su incomodidad con ciertos temas. El de la guerra de Irán ha estado relativamente ausente de sus mensajes. Desde el inicio, hace dos semanas y un día, de la ofensiva conjunta con Israel, Trump ha escrito sobre todo de otros temas: entrevistas de hace semanas a rivales políticos, el Mundial de Fútbol o el gran enemigo en casa: el congresista republicano Thomas Massie.
El conflicto bélico en Oriente Próximo se ha convertido en un avispero para la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Le sucedió ya durante la guerra en Gaza y le ha vuelto a pasar ahora en Irán. La falta de un mínimo reproche a Estados Unidos e Israel por atacar a la República Islámica sin el amparo de la legalidad internacional, más el discurso del pasado lunes en el que daba por finiquitado el orden mundial basado en reglas, han reavivado el malestar, en Bruselas y otras capitales europeas, de quienes recelan desde hace tiempo de las timoratas palabras de la mandataria cada vez que andan por medio Washington o Tel Aviv.
La guerra en Irán y sus consecuencias para el mundo lo ocupan todo. Desde la campaña en Castilla y León, que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cerró en Valladolid entre gritos de “no a la guerra” de los militantes socialistas, hasta la discusión interna en el Gobierno sobre las medidas para paliar sus efectos. Los ministros del PSOE y Sumar debaten la profundidad de la respuesta, y negocian con los socios porque no pueden permitirse el lujo de que el PP, Vox y Junts les vuelvan a tumbar un escudo social. Este martes probablemente habrá un primer bloque de medidas, en el que trabajaban varios ministerios este fin de semana.
Muchos ciudadanos en Emiratos Árabes Unidos han adquirido estos días la costumbre de apuntar al cielo con sus móviles para captar destellos anaranjados, como estrellas fugaces, y el estruendo en medio de la noche. Lo que ven y graban son interceptaciones de drones y misiles. Lo hacen a pesar de que las autoridades han advertido sobre el riesgo de filmarlas y compartirlas. En el complejo turístico Yas Bay, en Abu Dabi, un trabajador de Ghana muestra un vídeo que grabó días atrás. Y rápidamente aclara: “Es solo para mí. Es la primera vez que veo una guerra de cerca”. A su lado, un colega de Letonia comenta con él las posibles consecuencias del conflicto bélico en Oriente Próximo en los precios, en el turismo y en el funcionamiento de los establecimientos. La preocupación gira en torno a la normalidad cotidiana.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán viola flagrantemente el derecho internacional. Pero lo mismo ocurrió con casi todas las demás guerras desde la adopción en 1945 de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza excepto en defensa propia o, como en los casos de la guerra de Corea (1950-53) y de la Primera Guerra del Golfo (1990-91), con la autorización del Consejo de Seguridad. Lo que distingue a la guerra actual contra Irán no es su ilegalidad, sino más bien la falta de un objetivo claro o alcanzable.
Miles de chavales castellanos y leoneses andan ufanos estos días presumiendo de sus selfis con Santiago Abascal. Como antes en Aragón, y antes aún en Extremadura, el líder de Vox se ha dado un atracón de pueblos en la región más extensa de España. Lo ha hecho con aires de celebrity, aclamado en calles y plazas de las nueve provincias de la comunidad autónoma. Las encuestas y el pulso de la calle transmiten las mismas señales: la extrema derecha acude a las elecciones autonómicas de este domingo en Castilla y León con el viento a favor para coronar su tercer éxito en tres meses. Y esta vez, puede que con más apoyo aún.
“El día que te vea por Madrid te meto un tiro en la cabeza, feminazi comunista de mierda. No te gusta promover la violencia???? Pues la vas a tener, malparida, hijaputa”; “Muerte a ti y a todos los inmigrantes”; “O paras, o vamos a buscaros”. Son tres de las amenazas que dos hombres arrestados esta semana en Toledo y Xirivella (Valencia) enviaron durante meses a la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, en forma de mensajes privados a través de la red social Instagram. El primero, español de 49 años y con antecedentes policiales por delitos comunes como robos, hurtos o agresiones, lo hizo entre finales de octubre y principios de diciembre. El segundo, también español de 30 años y sin antecedentes, llegó a enviarle hasta 300 textos llenos de insultos e intimidaciones que escribió entre septiembre y finales de noviembre. Fuentes conocedoras de la investigación destacan que hacía un gran consumo de propaganda de ultraderecha.
Decía el escritor y columnista José Luis Alvite que las citas son la envoltura social de lo que no es más que un instinto. Su frase no ha perdido vigencia, pero en los últimos años se le ha añadido una nueva capa al viejo arte del cortejo; una tecnológica, lúdica y capitalista que convierte el proceso de conocer a alguien en algo emocionante y adictivo. Hasta que deja de serlo. Las apps de citas han cambiado nuestra forma de relacionarnos. El primer estudio sobre percepción social del amor, que acaba de difundir el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), señala que el 82% de los españoles conoce las aplicaciones para ligar y que un 25% se ha abierto un perfil en ellas. El estudio Cómo las parejas se conocen y permanecen juntas, de la Universidad de Stanford, mostraba cifras aún más contundentes: más del 60% de las parejas actuales se conocen en línea, lo que marca un cambio radical respecto al pasado. Esto tiene un efecto eminentemente positivo: hoy en día es más fácil conocer a alguien y no se necesita la intermediación de amigos o salir a una discoteca para hacerlo. Pero este cambio tiene efectos colaterales y riesgos cada vez más evidentes.
Los Ángeles está lejos de todo; a veces, incluso, de su propio país. A California, mucho más progresista que el resto de Estados Unidos, la guerra contra Irán parece serle muy ajena. Por las calles de Hollywood, cortadas desde hace días, el comentario más cercano se refiere al precio de la gasolina, que se ha duplicado en una semana (“¿Ocho dólares el galón?“, se escucha). Poco más. Por eso, en vísperas de la ceremonia de los Oscar, que se celebra este domingo bajo los focos de todo el mundo, se respira en el ambiente una gran pregunta: ¿se atreverá Hollywood a alzar la voz ante la compleja situación política que atraviesa el país, aunque sea entre chascarrillos y lentejuelas, o dejará que el show se desarrolle sin despeinarse?
1. Para los que nos dedicamos a la creación artística —y también para los que no lo hacen de modo habitual o profesional—, uno de los principios básicos que practicamos, incluso sin pensar en ello, es tener asimilada la certeza de que el arte siempre imita a la vida. Incluso las manifestaciones o realizaciones más fantasiosas o abstractas parten de una conexión con realidades objetivas que han afectado nuestra sensibilidad, se han alojado en nuestra subjetividad y buscan su expresión a través de recursos estéticos. Por ejemplo, para el novelista, un artista que debe crear universos más o menos concretos o imaginarios en los cuales se mueven personajes a su vez más o menos creíbles, siempre está presente el reto de generar verosimilitud, o sea, ese artificio discursivo a través del cual lo narrado consiga conformar la lógica íntima de ese universo creado, y de ese modo, su propia realidad.
Solíamos decir que cuando el aceto balsámico, las berenjenas con miel o el rulo de cabra en ensalada llegaran al restaurante El Cruce sería porque la nueva cocina había tocado fondo. En cambio, el guiso popular se adapta a los fogones sofisticados con naturalidad porque cualquier potaje está testado por millones de bocas que a lo largo de los siglos encontraron en ese sabor espeso y cálido la fórmula del consuelo ante la intemperie. El viaje gozoso de los sentidos, del olfato al gusto, del gusto a la barriga. La barriga caliente, el mejor inductor al sueño de niños y viejos.
Me despedí de Raúl cuando supe que su enfermedad ya no tenía vuelta atrás. Bastaba con cruzar la calle de nuestra colonia, en la que éramos vecinos. Me acompañó el escritor Antonio Lucas, uno de sus amigos más fiel. Su compañera, la doctora Belén, que le asistió hasta el final con una devoción conmovedora, me dijo que le llevara unos cruasanes, que era lo que más le podía gustar. Así lo hice. Al vernos entrar en el estudio, Raúl exclamó con apenas un hilo de voz: “Capri, c’est fini”. No era cuestión de empezar a mentir diciendo que tenía buena cara y esas cosas. Me limité a abrir la bandeja de cruasanes que había comprado mi hija en una famosa pastelería, y él con la mano dudosa escogió uno, se lo llevó a la boca, dio unos mordiscos y lo estuvo masticando, tal vez solo por quedar bien. Quisiera creer que fue lo último sólido y dulce que Raúl del Pozo comió en su vida, tan llena de sobresaltos y aventuras. Los dos habíamos nacido en 1936, yo en marzo con los primeros brotes de la primavera; Raúl en diciembre, cuando los españoles ya se estaban matando a destajo. Un día, durante la pandemia, le dije: “Nacimos en una guerra civil y podemos morir en una peste, una vida redonda, ¿No crees?”. Y he aquí que por una irónica carambola del destino eligió para morir el mismo día en que yo cumplía 90 tacos, como diciéndome ahí te quedas. Siempre lo recordaré dentro del humo de aquel café entre siluetas de pícaros, poetas malditos y otros soñadores. Allí él buscaba palabras nuevas que sonaran como látigos. Nada de lamentos. Nuestros días más felices pertenecen a un mundo que ya se fue. Por mucho que el asfalto se le hubiera metido en la sangre, Raúl del Pozo nunca dejó de tener ese aire asilvestrado que le venía de una infancia garduña en el monte. Siempre fue un comandante rebelde de sí mismo extremadamente generoso. Como despedida le di unos suaves golpes en la rodilla. “Adiós, amigo”, le dije. “Nos veremos en Capri, ¿de acuerdo?”. Sonrió y eso fue todo.
1 de mayo de 2011. Un día cualquiera en la agenda del multimillonario Jeffrey Epstein, menos de dos años después de abandonar una cárcel de Florida tras ser sentenciado por prostitución de menores. Este es el programa de aquella jornada, tal y como se desprende de los papeles desclasificados por las autoridades de Estados Unidos: a las 9.30, un desayuno con el diplomático Terje Rod-Larsen. A las 11.00, una reunión con Nick Ribis, antiguo ejecutivo de los hoteles de Donald Trump. A las 13.00, un encuentro con el periodista Michael Wolff. A las 17.00, una cita con Howard Lutnick, actual secretario de Comercio de Estados Unidos. A las 18.30, una cena con el cineasta Woody Allen y su esposa, Soon-Yi Previn, junto a otros invitados como el neurocientífico Steve Kosslyn y el financiero Glenn Dubin. A las 20.30, una cena en casa de la diseñadora Vera Wang.
Nota metodológicaA la hora de seleccionar las personas más relevantes que aparecen en los documentos del Departamento de Justicia, EL PAÍS ha decidido dar mucha importancia al tipo de vínculo que los protagonistas tuvieron con Epstein. Por ello no hemos incluido a personas que aparecen mencionadas en los papeles pero sin mayor prueba de contactos con el pederasta o su entorno: así, por ejemplo, no hacemos referencia a Juan Carlos I, cuyo nombre aparece en los millones del archivos publicados por haber sido mencionado por una actriz, ni a José María Aznar, cuyo nombre aparece en dos recibos de envíos hechos por el pederasta, pero no hay otro vínculo entre ambos según los documentos desclasificados. Tampoco incluimos a Alberto Cortina, por cuyos negocios se interesó Epstein a través de terceros, pero sin llegar a tener un contacto directo.