ARTICULO PRIMERO.- Conformar, el Comité de Dirección de...
"Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”
He vivido 25 años en Estados Unidos. No como turista ni como observadora ocasional, sino como alguien que ha hecho allí la mayor parte de su vida. Estudié, trabajé, pagué impuestos, tuve a mi hija, me naturalicé estadounidense. También maldije su política mil millones de veces. Ahora he vuelto a España y, desde aquí, veo las noticias sobre Estados Unidos con una inquietud que me entristece: ¿por qué apenas se indaga sobre la resistencia civil cotidiana frente a la crueldad institucional? ¿Por qué parece que solo existe la maquinaria —el ICE, redadas, miedo— y no las manos que intentan amortiguar su violencia?
Desde que Donald Trump ocupó la presidencia de Estados Unidos por segunda vez y empezó a actuar de manera amenazante, caprichosa e impredecible, se ha impuesto en analistas y medios el mantra de que el llamado “orden mundial” está irremediablemente roto. Discrepo de esta visión de la realidad internacional. Trump no es tan fuerte, ni el ordenamiento internacional tan débil como para profetizar una sentencia de muerte.
La política española vivió una aparente tregua hace dos semanas por el accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Como era previsible, se esfumó en cuanto se acababa el luto oficial: “El control del relato ha sido la prioridad del ministro. Les importa más eso que la seguridad de los ciudadanos”, llegó a decir el vicesecretario del PP Juan Bravo solo tres días después del accidente. “Creo que hemos mantenido un silencio respetuoso, como procedía”, apuntó.
En un pequeño país de Centroamérica, El Salvador, ha surgido en los últimos años un modelo de autócrata que encarna las peores derivas de este primer cuarto del siglo XXI. Se llama Nayib Armando Bukele Ortez. Ya lo conocen en el mundo entero, y seguro que son muy pocos los que saben dónde está el país que gobierna, ni su historia, ni las terribles circunstancias en las que vive su gente. Bukele, experto publicista, es un verdadero maestro en las redes sociales y ha sabido construir ahí el mito de una suerte de salvador ante el que muchos se rinden como si realmente lo fuera. En esta gran fábula que lleva confeccionando desde antes de que conquistara el poder en 2019 en unas elecciones legítimas mezcla tres mitos donde él es el guerrero que lucha contra el mal, el elegido por Dios para conducir a su pueblo, el constructor de un futuro dorado. El periodista Óscar Martínez cuenta en Bukele, el rey desnudo (Anagrama) que a los salvadoreños les iba tan mal que “estaban ansiosos por creer” cuando se postuló como presidente y, tras describir su toma de posesión para su segundo mandato el 1 de junio de 2024, esta vez sin ninguna legitimidad porque la Constitución de El Salvador prohíbe hasta en cuatro artículos la reelección, describe lo que ocurrió entonces como “una escena religiosa, no cívica”.
La taiwanesa Shih-Ching Tsou (Taipéi, 54 años) nunca pensó en dirigir. Ni siquiera soñaba con el mundo del cine, ni se planteaba una carrera profesional en él. Sencillamente, logró una beca para estudiar Comunicación en The New School en Nueva York, tras graduarse en la Universidad Católica Fu Jen de su ciudad natal. Y en un aula de ese prestigioso centro neoyorquino conoció a un estudiante de montaje, Sean Baker, con el que comparte hasta mes y año de nacimiento (febrero de 1971), y la vida de Tsou cambió por completo. Tanto como para codirigir con el estadounidense, producir sus películas y, ahora, debutar en la dirección en solitario con La chica zurda, coescrita y montada por el ganador de cuatro premios Oscar con Anora. “Sí, charlar con Sean me llevó por un camino que ni intuía”, reconoce Tsou.
El último ejemplo de impaciencia laboral en el fútbol es Xabi Alonso. El extécnico del Real Madrid fue despedido días después de perder la Supercopa contra el Barcelona. Pero el mundo del fútbol no es único a la hora de exigir resultados rápidos. En el ámbito empresarial pasa cada vez más a menudo. “Esta industria es una trituradora de carne”. La frase, de camino al barrio madrileño de Chamberí, cerca de la antigua Embajada británica, es la voz de un exaccionista de una de las grandes firmas, por volumen de activos, de capital riesgo de España. El economista pide no ser citado. Pero cuenta que se han despedido gestores por su “insuficiente” nivel de inglés. Otro experto, el socio principal de un gran bufete de origen británico, con sede en tres continentes, que alcanzó el nivel más alto en la división nacional, narra la realidad desnuda. “El socio pacta con la firma unos ingresos anuales o bien te los imponen. Si un año no llegas, tarjeta amarilla, pasan dos: roja. Entonces o te despiden o hibernas. O sea, nada de bonus ni buenos clientes. Lo habitual es que estés fuera: capitalismo salvaje”. Cuando cobras por hora al cliente —multinacionales o empresas del Ibex 35— entre 800 y 1.000 euros, la gestión está dirigida por la impaciencia y la velocidad. Hoy es socio de otro despacho de menor nivel.
El desafío del tiempo sólidoEl tiempo se ha vuelto sólido. Una mercancía más. Un bien o un problema. “En los fondos de inversión que persiguen los beneficios a tres o cinco años no existe la piedad [con el profesional]”, advierte Bárbaras Ramos, socia de la consultora Korn Ferry. Y aquí cada uno se defiende a su manera. “Bastantes altos cargos van a la empresa a hacer el egipcio, es decir, cobrar mucho y decir que sí a todas las ideas de los mandos superiores, y de esta manera pasan sus días”, critica gráficamente Norbert Monfort, profesor de Esade. Aunque esta visión agoniza. “La complejidad legal cada vez resulta mayor. Por lo tanto, requiere mentes nuevas”, reflexiona el jurista Antonio Garrigues Walker. Profesionales para tiempos desafiantes.
En el patio de la casa hay un olivo viejo. Los espacios de la vivienda y las paredes desnudas están a la intemperie. La riada del 29 de octubre de 2024 derribó la fachada y la dejó como una casa de muñecas rota. La casa se levantaba en la calle Almassereta, en una de las orillas del barranco del Poyo, en el municipio de Picanya, en Valencia. El ayuntamiento ha presentado un proyecto para derribar las viviendas y convertir esta calle en un parque inundable con vistas a futuras inundaciones. “Nos gustaría salvar el olivo como símbolo de resistencia y de lucha por la vida”, explican los propietarios Constanze, de 65 años, y Felipe Waliño, de 67, que piden que el árbol forme parte del futuro parque.
Las organizaciones agrarias y la patronal del campo se han felicitado por la regularización extraordinaria anunciada por el Gobierno de cerca de 500.000 personas extranjeras que ya se encuentran en España. Consideran que el sector primario puede ser el más beneficiado por este proceso. Desde CC OO se estima que la medida puede beneficiar a cerca de 200.000 migrantes que ahora trabajan en situación irregular, mientras que UGT cree que la medida va a permitir que aflore una economía sumergida, lo que ayudará, por ejemplo, al aumento de las pensiones sociales.
Fulgenci Mestres Gensi (Vilafranca del Penedès, Barcelona, 60 años) no se ha caracterizado para la entrevista de payaso blanco, su papel habitual en el prestigioso Circus Roncalli de Alemania, del que es un famoso y premiado icono, pero lleva el carablanca puesto de serie. Es puntilloso, listo, escrupuloso, frío y lunar. Tiene algo que tira para atrás y hasta provoca un estremecimiento. Sus ojos son de un azul gélido. Viste para estar por casa como una suerte de Nureyev, con ropa de fantasía y un gorrito. De entrada te hace descalzar para que no introduzcas suciedad y “chinches” en su amplio piso barcelonés, decorado barrocamente y con muchos recuerdos circenses. Antes de empezar a hablar, para hacer ambiente, interpreta las Gymnopédies de Satie pulsando copas de cristal con el dedo.
El mes de febrero se puede empezar disfrutando de música en directo, bailando alrededor del fuego, comiendo calçots o haciendo una escapada a una gran feria dedicada al esoterismo y las brujas. Uno de los cantautores más queridos de la escena catalana, Ferran Palau, presenta su nuevo álbum este viernes: el primer directo de un trabajo que sólo requiere de voz y guitarra. Además, el sábado es un buen día para pasearse por Gràcia dónde habrá calçotades, hogueras y espectáculos de fuego traídos de Mallorca en una tradición que suma más de 30 años. Aunque si se busca una escapada fuera de Barcelona, la mejor es en Centelles: se celebra una de las ferias más conseguidas dedicadas al esoterismo y a las brujas.
Igual que Frasier nació en 1995 de una costilla de Cheers, Aída lo hizo en la década posterior de la popular 7 vidas. En 2005, unos meses después del último episodio de la temporada final de la genial serie estadounidense protagonizada por dos hermanos psiquiatras, el término spin off cruzaba el Atlántico de la mano de un personaje tan único como insospechado: una pobre mujer de la limpieza española que sobrevivía con dos de sus hijos, su madre exvedette y su hermano exyonqui en un barrio popular madrileño llamado Esperanza Sur. Aída García era Carmen Machi y el exyonqui, Luisma, era Paco León. Lo que ocurrió después es historia de la televisión y de la comedia españolas.
Aída y vueltaDirección: Paco León.
Intérpretes: Carmen Machi, Paco León, Mariano Peña, Miren Ibarguren, Eduardo Casanova, Pepe Viyuela, Secun de la Rosa, Marisol Ayuso.
Género: comedia. España, 2025.
Duración: 110 minutos.
Estreno: 30 de enero.
Las películas libres, las que no se pliegan a las estructuras ni a las convenciones de la narración y la visualización, pueden encontrar dos caminos: uno, singular y apasionante, fluido pese a su riesgo, que es el de la verdadera transgresión; y otro, extraño y abstruso, pedregoso por falta de coherencia, que es el de la confusión. En su biografía cinematográfica sobre el escritor Franz Kafka, la veterana directora Agnieszka Holland ha elegido la rotunda libertad narrativa. Pero le ha salido un totum revolutum sin cohesión alguna. Franz Kafka solo deja al espectador la posibilidad de la curiosidad y, a los más conocedores de su obra, el desconcierto de la oportunidad perdida. Algo que ya le ocurrió a la cineasta polaca en su pretenciosa y rimbombante traslación al cine del amor entre los poetas Paul Verlaine y Arthur Rimbaud: aquella Vidas al límite, hoy olvidada, protagonizada por David Thewlis y Leonardo DiCaprio en 1995.
Franz KafkaDirección: Agnieszka Holland.
Intérpretes: Ida Weiss, Peter Kurth, Jenovéfa Voková, Katharina Stark.
Género: biografía. República Checa, 2025.
Duración: 127 minutos.
Estreno: 30 de enero.
En el tercer acto de El triángulo de la tristeza, el sueco Ruben Östlund dejaba a los personajes de su sátira política a los pies de los caballos de la naturaleza. Perdidos en una isla desierta después de naufragar su lujoso barco, el poder en aquella nueva realidad de supervivientes quedaba en manos del último eslabón de la tripulación, la encargada de limpiar los baños del crucero, una mujer mayor inmigrante hecha a la adversidad y dispuesta a aprovechar su nuevo rol de mando.
Send Help (Enviad ayuda)Dirección: Sam Raimi.
Intérpretes: Rachel McAdams, Dylan O'Brien.
Género: aventuras. Estados Unidos, 2026.
Duración: 113 minutos.
Estreno: 30 de enero.
Hay un destello sarcástico y ácido en la mirada del fotógrafo Martin Parr (Epson, 1952–Bristol, 2025) que muchos confundieron durante años con simple sentido del humor. No era lo mismo. Su análisis crítico de la sociedad de consumo, del imperio del ocio nacido a finales de los años 60 para colonizar los sueños aspiracionales de una población salida de la pobreza, era muy serio, aunque te hiciese sonreír y muchos no lo entendieran. La ironía final, sin embargo, la escribió el destino. Y Martin Parr, obsesionado con la lectura de su obra el día que él ya no estuviese, no pudo ver cómo París conmemoraba 50 años de su descomunal trabajo documental de nuestra época en Global Warning: la primera e involuntaria gran retrospectiva póstuma del artista británico, que puede verse desde este 30 de enero hasta el 24 de mayo en el Jeu de Paume de la capital francesa.
Acaba hoy No somos nadie en Ten, y como todo último programa, habrá un montón de lágrimas y nervios, un recopilatorio de grandes momentos, quizá visitas inesperadas, videos de seguidores agradeciendo las risas, la compañía y lo vivido, abrazos de los presentes en el pisito e inquietud por lo que vendrá, saber a qué dedicarán el tiempo que se les queda libre en la agenda. Y como lo de este viernes será distinto, hablemos de lo visto desde aquel día en el que arrancaron, tras el fracaso de La familia de la tele.
Da igual si son inocentes o culpables, a todos los buscan sus madres cuando los desaparecen. Así de elástico y preciso es a veces el lenguaje: el verbo desaparecer tiene en México sujeto ejecutor e intención deliberada, igual que el verbo buscar. Hay más de 130.000 desaparecidos en el país, muchos de ellos muertos y diseminados por el territorio, mezclados con la tierra y revueltos entre sí, esperando a ser encontrados. El cuerpo mal enterrado interpela a quien lo llora y lo rastrea, pero no solo. “Se habla del duelo como una cuestión privada, psicológica, de las víctimas, pero es un problema político de primera clase”, dice la antropóloga Natalia Mendoza (Ciudad de México, 1981), que se adentra en la cuestión en su ensayo El extravío de los signos. “Del duelo público depende nuestra capacidad colectiva de imaginar un futuro más allá de la repetición rutinaria de la violencia”, plasmará en su texto.
El extravío de los signosNatalia Mendoza Periférica, 2026 240 páginas, 17 eurosWonder Man es una serie basada en los personajes de cómic de Marvel. Y, sin embargo, se parece más a Límite: 48 horas o Bowfinger, el pícaro que a una clásica película de acción superheroica. La nueva miniserie que acaba de estrenar Disney+ sucede en el famoso universo cinematográfico, tiene algunos de sus personajes y utiliza un humor parecido al de las películas, pero, sin embargo, aquí no hay superhéroes, ni acción, ni casi escenas de superpoderes. Wonder Man es una buddy movie de las que tanto se hacían en el Hollywood de los noventa entre dos protagonistas mal avenidos, una historia de colegas que buscan encontrar su lugar en el mundo. Un proyecto que no acaba de entender quién es su público.
,La pregunta es muy sencilla: si hace tiempo que las mujeres asumen tareas públicas de gran responsabilidad en Naciones Unidas y en organizaciones multilaterales, ¿por qué no se las considera para el puesto más alto, la secretaría general? Es el punto de partida del informe anual Las mujeres en el multilateralismo, de la organización GWL Voices, que reúne a más de 80 líderes femeninas de 39 países, y que fue presentado el jueves en Madrid.