ARTICULO PRIMERO.- Conformar, el Comité de Dirección de...
"Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”
La imagen del fin de la democracia en Estados Unidos es la de Liam Conejo Ramos, el niño ecuatoriano de cinco años que llevaba una mochila de Spiderman y fue sacado a la fuerza del garaje de su casa en Minneapolis el 20 de enero y llevado a un centro de detención de inmigrantes. La mochila con el superhéroe que crearon a principios de la década de 1960 Stan Lee y Steve Ditko, de Marvel, reverbera el poder blando de Estados Unidos. Trump está destruyendo el poder que ha influido y moldeado el imaginario de personas de todas las edades en gran parte del mundo, entre los cómics, las películas de Hollywood y, más tarde, también las series. Al atacar uno de los pilares que sostenían la identidad de “América”, aniquila el propio país.
Ser un golpista contra la legalidad constitucional no implica ser un militar incompetente o un alto funcionario inútil. Puede ocurrir exactamente lo contrario y pocos casos lo ejemplifican mejor que el coronel José Ungría. Fue un personaje clave en el final de la Guerra Civil. Nacido en Barcelona en 1890 y con formación de primer nivel en el extranjero desde principios de la década de los veinte del siglo XX, antes de la guerra Ungría había sido agregado en varias embajadas y ya era el mayor especialista en espionaje y contraespionaje del ejército español. Al estallar el conflicto, el agregado militar de la embajada francesa lo escondió en Madrid y, en mayo de 1937, tras su llegada a la España controlada por los generales insurrectos, Franco le nombró Jefe de los Servicios de Información. Los reformó por completo y los convirtió en una pieza fundamental de la victoria bélica y la institucionalización represiva de la dictadura.
Cómo terminó la guerra civil españolaGutmaro Gómez Bravo Crítica, 2026 378 páginas, 21,90 eurosMás de medio siglo tocando a diario el frío con las manos hacen que se quede a vivir dentro de ellas. Fernando Alonso (64 años, Molinaferrera, León), muestra las suyas con un orgullo del que se le escapa una sonrisa a medio camino entre la timidez y la picardía. “Cuando dejas de trabajar se bajan un poquito, se quedan un poco más ligerillas, pero tampoco te creas que mucho…”, explica en un descanso de su jornada.
El fugaz aumento de la asistencia alimentaria en algunas regiones de Sudán se está desvaneciendo, y la respuesta humanitaria se encuentra al borde del colapso en un país con 11,7 millones de desplazados, de los que la mayoría, siete millones, son desplazados internos. El Programa Mundial de Alimentos (PMS) se ha visto obligado a reducir las raciones en un 70% en las zonas afectadas por la hambruna y al 50% en las zonas con riesgo de sufrirla, según confirmó a EL PAÍS un portavoz de la organización humanitaria este martes. Si no se consiguen al menos 700 millones de dólares (592 millones de euros), a finales de marzo habrán agotado sus reservas para el país que atraviesa la peor crisis alimentaria del mundo, como alertó en un comunicado Ross Smith, director de Preparación y Respuesta ante Emergencias del PMA.
En septiembre de 1952, en el número 83 de Les Temps Modernes, el crítico francés Etiemble publicó un artículo sobre Borges titulado Un homme à tuer. Para entonces, Borges había escrito algunas de sus obras más importantes —Ficciones, El Aleph, Inquisiciones y Otras Inquisiciones— y, según Etiemble, estos libros dejaban a todos los demás escritores con dos opciones: o bien revisar por completo su comprensión del acto literario, renunciando a las nociones recibidas de la historia universal y la teoría crítica tan asiduamente estudiadas desde el siglo XVIII, o bien abandonar la literatura por completo. Después de Borges, después de textos como Pierre Menard, autor del Quijote, que sostiene que un libro cambia según las atribuciones del lector, o como Examen de la obra de Herbert Quain, que sugiere que un libro puede contener todos los demás, y La biblioteca de Babel, que, en su infinitud, ofrece un catálogo completo de todos los libros imaginables del pasado, el presente y el futuro; la literatura, tal y como se conocía hasta entonces, se había vuelto imposible. Etiemble insistía en que había que eliminar a Borges si queríamos seguir escribiendo. Toda su obra, la que ha significado que se consagrara como tal, revive ahora reeditada —en el 40 aniversario de su muerte— por Alfaguara en tres tomos: poesía, cuentos y ensayos.
En un pasaje de Patricio Pron (Rosario, Argentina, 50 años) el narrador se encuentra en Nueva York durante el breve intervalo temporal entre la muerte del expresidente Jimmy Carter y la segunda toma de posesión del presidente Donald Trump. Además de notar el contraste entre ambos —por ejemplo, el compromiso con los Derechos Humanos del primero; el desprecio del segundo—, piensa: “Un país cruel tiende a hacer crueles a sus habitantes”.
He aquí un disco que ofrece mucho más que música: nada menos que una reflexión sobre la idoneidad de aferrarse al amor romántico. Un tema que está sobre la mesa en la actualidad con una línea de pensamiento que interpela a ser, más que nunca, autónomos, a no depender de nadie, tampoco en el amor. Maria Rodés se mete en este jardín con elegancia y una paleta de estilos encomiable que desprecia el piñón fijo. En Lo que me pasa, que así se llama el álbum, Rodés acompasa sus historias con rumba, música electrónica de baile, ritmos latinos, africanismo y hasta pespuntes reguetoneros. Una actitud desacomplejada que cuadra con una de las artistas más especiales del pop español.
Ander Guevara (Vitoria, 28 años) vuelve a cruzarse con la Real Sociedad en un contexto cargado de simbolismo. El centrocampista, formado en Zubieta y hoy pieza importante del Deportivo Alavés, se mide con su antiguo equipo en los octavos de final de la Copa del Rey (21.00; Movistar) tres años después de una dolorosa salida. El protagonista de esta historia habló de un fin de ciclo. Asentado ahora en Vitoria, Guevara transmite serenidad y convicción: se siente feliz, maduro y asegura estar en uno de los mejores momentos de su carrera, justo cuando el destino le coloca de nuevo frente al club donde creció.
Se enciende la cámara y Matvii Bidnyi, barba frondosa, traje gris y corbata burdeos, comienza a medir sus palabras al otro lado de la pantalla desde una ubicación indeterminada. Quedan pocos días para que en Italia arranquen los vigesimoquintos Juegos Olímpicos de Invierno de la historia y el ministro de Deportes de Ucrania, tan ocupado, tiene ganas de hablar. “Nada ha cambiado, Rusia sigue atacando e invadiendo nuestro territorio”, alerta a EL PAÍS desde un despacho de paredes oscuras en el que, eso sí, no faltan banderas: la de la Unión Europea, la ucrania y una tercera, azul y con un extenso lema en cirílico. “Por el deporte y la juventud”, traduce él, orgulloso de un país que, advierte, ha dado al mundo leyendas como el boxeador Oleksandr Usyk, el Balón de Oro Andrei Shevchenko o la plusmarquista mundial y campeona olímpica de salto de altura Yaroslava Mahuchikh.
El rugby sigue encontrando formas para endurecer su torneo más vetusto. El Seis Naciones arranca este jueves —un día atípico que se explica por no competir con la ceremonia de apertura de los Juegos de Milán— con un apretado calendario de cinco partidos en seis semanas. Esa semana de descanso perdida respecto a ediciones previas generará paralelismos con un Mundial, pero sin el consuelo de tener entre medias del menú algún partido de fogueo ante selecciones menores. Aquí cada partido es a vida o muerte. Una presión que debería beneficiar a las selecciones con más fondo de armario, Inglaterra y Francia, las favoritas para jugarse el trono en su duelo de la última jornada en el Stade de France. Un capítulo muy lejano en una historia llena de trampas. La primera para los galos será recibir este jueves a una mermada Irlanda en su templo de París para empezar su defensa del título (21.10; Vamos).
Puede parecer una exageración, pero no lo es: la cerveza tuvo un papel indirecto, pero decisivo, en el nacimiento de la cirugía moderna. No porque cure, ni porque alguien la bebiera en un quirófano, sino porque fue uno de los primeros productos en los que la ciencia se detuvo a observar algo que hasta entonces era invisible. Ese algo, los gérmenes, cambiaría para siempre la forma en la que entendemos la fermentación, los alimentos… y también las infecciones humanas.
Más que rivales no es solo una serie, sino también un fenómeno cultural de primera magnitud. La producción canadiense de la que medio mundo lleva semanas hablando era, en origen, una modesta serie rodada en apenas un mes y basada en una saga de libros de consumo rápido sobre el deseo homosexual de varios jugadores de hockey sobre hielo. Todo la condenaba a ocupar un nicho, hasta que logró congregar a cerca de nueve millones de espectadores por episodio en su estreno en Estados Unidos. Muchos de ellos, mujeres seducidas por los romances gais, igual que los hombres acostumbran a ver porno lésbico. El resultado se puede ver desde este jueves en Movistar Plus+.
A los 15 o 16 años, cuando la identidad todavía se está formando, miles de adolescentes se enfrentan cada curso a una pregunta aparentemente sencilla y, sin embargo, profundamente determinante: “¿Eres de ciencias o de letras?”. Lo que el sistema educativo presenta como una elección académica funciona en la práctica como una etiqueta identitaria. Y no siempre inocua. “Como si la complejidad de un ser humano cupiera en dos cajones mal etiquetados”, resume Mercedes Gil Hernández, directora de Montessori British de Murcia y experta en educación. “Como si la curiosidad, el talento y la sensibilidad obedecieran a la misma lógica que un formulario administrativo”.
La tercera temporada de Trigger Point, la serie británica con los artificieros londinenses de la Policía Metropolitana como grandes protagonistas comandados por una impertérrita Vicky McClure, comienza, como no podría ser de otra manera, con una amenaza de bomba en un taxi abandonado, un pasajero aprisionado en su interior y una enigmática nota: “Confiesa o muere”. Será el primero de una serie de atentados con el denominador común de la demandada confesión.
Aminata guarda el teléfono en el fondo del bolso antes de salir de casa. No es una manía ni una precaución menor. Es una rutina aprendida. En Bamako, desde que Malí reformó su Código Penal para criminalizar explícitamente las relaciones entre personas del mismo sexo, la seguridad empieza por ocultar huellas.
Se avecinan estímulos oficiales para favorecer la compra de coches eléctricos y el aumento de los puntos de recarga. El anuncio que el Gobierno hizo en diciembre ha reavivado en la prensa el vocablo “electrolineras”. En España suman 12.727 (frente a 12.685 gasolineras), pero uno ve cada día que los postes eléctricos pasan las horas en soledad mientras se acumulan los automóviles en los surtidores de combustible.
España será la última ficha del dominó en limitar la edad de uso de redes sociales. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado este martes que el país prohibirá el acceso a las redes a menores de 16 años y obligará a las plataformas digitales a incorporar sistemas efectivos de verificación de edad. Sigue la estela de Australia, que reguló la edad en diciembre, y a la que planean sumarse Francia y Portugal. Entre los expertos del ámbito digital y educativo, hay quienes consideran que limitar el acceso a redes les permitirá a los adolescentes adquirir mayor madurez para afrontar sus riesgos y quienes exigen que la verificación de la edad se haga de manera segura y eficiente. Otros, sin embargo, cuestionan que el número es arbitrario y argumentan que en algunos países a esa edad ya se puede conducir, votar o haber completado la educación obligatoria. Más allá del límite etario, la discusión también se amplía hacia revisar para qué las usan los menores, qué consumen, en qué horarios navegan y si debería regularse también su diseño.
La salud se convirtió en una de las prioridades de la Unión Europea tras el estallido de la pandemia de covid. En 2021, la Comisión aprobó el Plan Europeo de lucha contra el Cáncer, una de las enfermedades que acapararon buena parte de la inversión ―4.000 millones de euros― al ser la mayor causa de mortalidad en el continente, que con un 10% de la población mundial acumula el 25% de los casos ―debido sobre todo al envejecimiento―. Pero la inestabilidad global y la priorización de las políticas de defensa han dejado a la salud en un segundo plano: los presupuestos han caído, y el cáncer ya no aparece entre las prioridades.
“Retroceso” o “retoques superficiales” son dos de las formas en las que se alude al anteproyecto de ley de violencia vicaria machista que maneja el Gobierno en la carta abierta que la Coordinadora Estatal para la erradicación de la Violencia Vicaria y la Violencia de Género Institucional quiere hacer llegar a los ministerios de Igualdad, Infancia y Justicia, los tres directamente implicados tanto en esa norma como en la reforma de la Lopivi, la ley de protección a la infancia, que también incluyen en la misiva. El grueso, sin embargo, va dirigido a la primera, de la que por el momento se conoce un primer texto. La Coordinadora, conformada por más de 20 organizaciones tanto de profesionales del ámbito de la violencia de género como de mujeres víctimas, afirma tener una “gran preocupación” ante la propuesta actual.
“Camarero, la cuenta”, pide un joven, sentado en un restaurante italiano del centro de Madrid. Le acompañan otras seis personas, que continúan con la conversación a la espera de que el trabajador les entregue la dolorosa. “Pago yo y luego arreglamos cuentas. Son 27 euros por persona”, añade otro de los chicos. Lo que pasó cuando abandonaron el local solo lo saben ellos. ¿Han pagado todos? ¿Por qué a medias? ¿Han comido todos lo mismo? ¿El reparto equitativo de la cuenta supondrá una disputa posterior?