ARTICULO PRIMERO.- Conformar, el Comité de Dirección de...
"Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”
Había una canción en la infancia de Mar Álvarez que “no pronosticaba nada bueno”. Jugaba con sus amigas a completar las frases del tema: “Un lunes antes de almorzar / una niña fue a jugar / pero no pudo jugar / porque tenía que…" “¡Planchar!”, decían en el patio del colegio. Y repetían el verso con cada uno de los días de la semana y la última palabra “siempre era planchar, coser, barrer, cocinar, lavar, tender…”, cuenta ahora Álvarez, con “un pie en los 50 años”. Recuerda que en aquel coro se miraron las unas a las otras y se dieron cuenta del mal augurio para ellas. Y no fueron las únicas. Más tarde, en la década de los 90, algunas jóvenes en Estados Unidos, hartas de la misoginia, buscaron empoderar a las mujeres a través de la cultura popular.
Al contrario que el año pasado, cuando caían chuzos de punta, el sol asoma y los bares en primera línea de mar están atestados. A escasos metros, unos valientes se divierten zambulléndose al tiempo que las gaviotas revolotean por el cielo y el ruido de las olas se entremezcla con el rodar de las bicicletas, ahora que Sant Feliu de Guíxols vuelve a ser el punto de partida de la Volta Catalunya, desde hoy hasta el domingo tras las cuestas de Montjuïc. En cabeza de cartel está Jonas Vingegaard, ganador de dos Tours que llega después de abrasar a todos en la pasada París-Niza, ocupado en recuperar un trono que Pogacar retiene con pulmones y piernas de hierro. Pero el siguiente capítulo de su batalla particular, que ya se escribe y compara con las grandes rivalidades del deporte, no será en la Volta. A Vingegaard (Hillerslev, Dinamarca; 29 años) tanto le da. “No pienso en si está o estará Pogacar. Simplemente, elijo las carreras en las que quiero participar y luego voy allí para intentar ganarlas. Nada más”, resuelve el danés con parsimonia, siempre hermético él, desde el hotel Barcarola, donde varios periodistas hacen una mesa redonda con el protagonista.
Vi el otro día algo que me chocó de una forma un tanto absurda. Sobre el parqué del Kaseya Center de Miami, Luka Doncic, estrella de Los Angeles Lakers, y Carlos Alcaraz, número uno del tenis mundial, compartían impresiones mientras miraban al suelo y se tocaban el hombro con esas palmaditas que solo se le da a alguien con quien no tienes suficiente confianza. “¿Cómo estás?”, “¿todo bien?”; son algunas de las frases a las que recurrieron para romper el hielo. No tengo pruebas, pero tampoco dudas. El brevísimo encuentro, en cualquier caso, precedió a una foto de los dos juntos, y cómo no, unas horas más tarde, a la difusión de la misma en las redes sociales de los protagonistas. Lo que de verdad me dejó pensando, no obstante, no fue el encuentro entre dos estrellas del deporte mundial, sino el efecto del irremediable paso del tiempo.
No está en la intención del PP dar la menor cancha al Gobierno en el debate sobre las 80 medidas adoptadas para capear los primeros efectos de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Sí sobre las que no ha adoptado y sobre lo que han tardado en tomarlas, a pesar de que tan solo una decena de países entre los Veintisiete de la UE han extendido mantos protectores. El PP va a centrarse en la abrupta reunión del Consejo de Ministros extraordinario del pasado viernes 20 de marzo y el plante inicial de los ministros de Sumar; en pasar página inmediata de las medidas aprobadas por el Ejecutivo, que los populares apoyarán este jueves, a través de la convalidación del decreto ley, y, sobre todo y ante todo, en multiplicar la denuncia de que España sigue sin Presupuestos actualizados desde hace tres años. Sin dudar de que la prioridad son las medidas por la guerra, Sumar tiene pendiente el debate sobre si forzar en las próximas semanas la presentación de las cuentas, conscientes de que no saldrán adelante. No está decidido si darán esa batalla, aunque Izquierda Unida lo ha defendido siempre.
Cuando era pequeña era costumbre aplaudir al terminar las películas. En lo físico aplaudíamos a la pantalla, pero en lo emocional se aplaudía una historia. A finales de los noventa los aplausos empezaron a desaparecer, quizás porque también lo hicieron las grandes salas, sustituidas por multicines. Tal vez el público empezó a ser consciente de que aplaudir a una pantalla no tenía mucho sentido; quizás fue que la gente dejó de ir al cine como había dejado de leer o de ir a salas de espectáculo.
Cuba sufrió este sábado en un nuevo apagón general que dejó sin luz a prácticamente toda la isla. Es el segundo en una semana y el séptimo en año y medio. Este se produce, además, en uno de los momentos más críticos del país. El presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, reconoció estar en negociaciones con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras haber impuesto a finales de enero un embargo energético, en el que amenazó con aranceles a todo aquel que venda combustible a La Habana.
El rostro más conocido del terror de la dictadura argentina es el del dictador Jorge Rafael Videla. Tras la recuperación de la democracia, fue condenado en el Juicio de las Juntas, pero recuperó la libertad con los indultos de 1990 y no volvió a ser detenido hasta 2010, cuando se reanudaron los juicios por delitos de lesa humanidad. Condenado a cadena perpetua, murió en la cárcel en 2013, sin que su familia encontrara un lugar en el que dar sepultura a sus restos excepto que fuera bajo un nombre falso. Además de Videla, esta fotogalería muestra algunos de los principales verdugos, torturadores e ideólogos del plan de exterminio que se aplicó en Argentina entre 1976 y 1983.
Es un sobreviviente, por sobre todo. Pero también un protagonista y testigo de su tiempo. Rudolf Rudi Haymann tiene 104 años y en su hoja de ruta aparece que era un joven judío alemán de 17 años cuando huyó del nazismo y vivió en un kibutz en el territorio que luego sería Israel. También figura que luchó como soldado británico contra las tropas alemanas de Rommel en el norte de Africa y que participó en la liberación de Roma en 1944. Y que luego se instaló en Chile donde se desarrolló como diseñador de interiores. En enero, el canal History 2 estrenó un documental, realizado por la Universidad Finis Terrae, donde cuenta parte de su recorrido. Por todo eso sorprende que, luego de tocar el timbre de la casa donde vive hace 70 años, sea él quien abra la puerta, invite a pasar y muestre la sala donde casi la totalidad de los muebles fueron diseñados por él mismo. Estrecha la mano fuerte, escucha perfecto y habla un castellano con un notorio acento alemán.
Un gesto que evoca el nazismo. Un chat de WhatsApp de estudiantes colmado de insultos racistas y mensajes antisemitas. Dos escándalos este mes, uno en la Universidad de Florida (UF), en el centro de la península, y otro en la Universidad Internacional de Florida (FIU), en Miami —dos de los principales centros de altos estudios del Estado— no son incidentes aislados, sino que comparten un patrón más amplio de normalización de retórica extremista, simbolismo y acoso que han germinado en entornos digitales y han saltado a la palestra, señalan expertos. Las universidades de Florida se están convirtiendo en un campo de prueba para este fenómeno, que coincide con un aumento sostenido de incidentes antisemitas en Estados Unidos.
Fue uno de tantos momentos de Donald Trump para frotarse los ojos. Un reportero japonés le preguntó el jueves en el Despacho Oval, durante la recepción a su primera ministra, Sanae Takaichi, por qué Washington no avisó a sus aliados del ataque a Irán. “¿Quién sabe más de sorpresas que Japón?”, bromeó Trump, “¿por qué no me contasteis lo de Pearl Harbor?”. El comentario pareció incomodar a su interlocutora, rompió las reglas del decoro diplomático y pulverizó décadas de evitar, en nombre de la armonía bilateral, el asunto del bombardeo sobre Hawái que en 1941 mató a más de 2.400 personas y provocó la entrada de Estados Unidos en la II Guerra Mundial. También dejó una paradoja espacio temporal: nadie pudo haber avisado a Trump porque entonces aún faltaban cinco años para su nacimiento.
En el momento álgido de la pasada noche de los Oscar, Paul Thomas Anderson (Los Ángeles, 55 años) subió al escenario para recoger la estatuilla a mejor director por Una batalla tras otra, la gran ganadora de la gala con seis premios. En su discurso de agradecimiento mencionó a Maya Rudolph (Gainesville, 53 años), su pareja desde hace casi 25 años. “Cualquier escritor sabe que o bien pides perdón o bien tu agradecimiento especial va dirigido a tu familia y a las personas con las que compartes techo, que soportan lo que significa vivir con un escritor”, dijo. “A Maya”, concluyó. Esa noche, la actriz, conocida en Estados Unidos sobre todo por sus años como cómica en Saturday Night Live, también se subió al escenario durante la ceremonia, en su caso para presentar el premio a mejor banda sonora original. Lo hizo junto al reparto de La boda de mi mejor amiga, película que protagonizó en 2011 y que este año celebra su 15º aniversario —un cómico momento que los fans no han desaprovechado para pedir una secuela del filme—. Este título sigue siendo uno de los más recordados de la intérprete, que pausó su carrera durante una época para poder dedicar más tiempo a su familia.
La doctora en Filosofía Kate Manne (Australia, 1983), cuyo trabajo se centra en filosofía moral, social y feminista, ha querido desde niña ser más delgada. Confiesa que llegó un momento en el que entendió que lo que odiaba no era tanto su cuerpo, sino la forma en la que le hacía sentir vulnerable: ser menospreciada, ridiculizada y denigrada. “Sabía mejor que nadie que la respuesta al acoso y al abuso no es cambiar a las víctimas, sino dirigirse a quienes tengan la culpa y, en última instancia, cambiar el sistema”, escribe en Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia (Capitán Swing, 2026).
Madrid se ha convertido, casi sin querer, en un unicornio europeo: ese ejemplar rarísimo cuyo valor proviene precisamente de su excepcionalidad. Una ciudad idílica y, además, barata. Para los ricos, claro está. La revista inglesa Monocle, que cada año publica su ranking de calidad de vida, calificó la capital española como la segunda ciudad más habitable del mundo en 2025, solo por detrás de París. En 2015, ocupaba el puesto 16. El salto no es menor. Madrid es, según la publicación, la mejor ciudad para la salud, gracias a “un equilibrio favorable entre vida laboral y personal y una comida deliciosa”.
Cuando el consejero delegado de Netflix, Ted Sarandos, acudió al senado de EE UU en febrero para defender su propuesta de fusión con Warner, una de las justificaciones recurrentes con las que quiso rechazar la acusación de ser un monopolio fue repetir que Youtube era el verdadero rival a batir: “Ya no son vídeos de gatitos. Es televisión”, explicó al comité político. Trataba de argumentar así que ningún estudio de Hollywood se acercaba al poder de esa empresa, subsidiaria de Google, pese a que, en esta guerra del streaming a dos bandas, muchas veces la dejaran fuera. La compra al final no salió adelante por la inflada propuesta de Paramount a Warner, pero ahí quedó clara cuál es la lucha real entre los titanes de la nueva televisión: Netflix contra Youtube. Y, curiosamente, ambas se parecen cada vez más entre ellas.
Mariam terminó sus estudios de comadrona en 2021, cuando los talibanes retomaron el poder en Afganistán, pero ni siquiera pudo recoger su diploma. “No permitieron que las estudiantes recibiéramos el título en un acto de graduación. Nos dejaron fuera de la foto. Hasta hoy”, explica a este periódico. Mariam, que prefiere usar un nombre falso para esta entrevista, tampoco ha podido ejercer ni un solo día debido a los edictos emitidos por las autoridades de facto y aunque en su país haya una acuciante necesidad de matronas.
Al sector turístico no le ha dado tiempo para digerir el hito conseguido en 2025: el mejor año de la historia para esta industria, con 11,7 billones de dólares de ingresos en el mundo, un 6,7% más que en el ejercicio anterior, destaca Gloria Guevara, presidenta del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC por sus siglas en inglés), una cifra que representa el 10,3% del PIB global. La guerra de Estados Unidos e Israel con Irán ha frustrado la celebración y las expectativas del negocio para 2026. De hecho, la organización que agrupa a las mayores empresas del sector estima que cada día el turismo pierde 600 millones de dólares en Oriente Próximo a consecuencia del conflicto. La región recibió el 5% de los viajeros mundiales el año pasado (94 millones).
Los precios seguirán cayendo en el GolfoLa intención de viaje a los países del golfo Pérsico parecía que iba a ser la que mayor crecimiento experimentase, según proyectaban las estadísticas de Mabrian a principios de año. Nada hacía pensar que en febrero una guerra cercana impactaría en la zona como así ha sido. Afectando incluso a Jordania, Turquía y algo menos a Egipto. La previsión de la empresa de cara a los próximos tres meses indica que la situación va a continuar complicada. Las tarifas de los alojamientos de aquí al mes de junio lo reflejan, pues siguen contrayéndose. Descienden entre la media del 2,2% de Qatar al 19,5% de Arabia Saudí, el país que más visitantes internacionales recibe: 29 millones en 2025. En Baréin la caída prevista es del 11%, en Omán del 10% y en Emiratos Árabes Unidos, que cuenta con 27,7 millones de viajeros, del 6%. Únicamente Kuwait parece salvarse de las bajadas.
Antonio Romero (Madrid, 1971) está al frente de Starbucks en España y Portugal, donde cuenta con 220 tiendas licenciadas por Alsea, en la que empezó como camarero mientras estudiaba. Se define como una persona muy familiar y amante del café. En la tienda estrella de la compañía en Madrid, abierta en agosto pasado en el estadio Santiago Bernabéu, se declara poco futbolero (aunque del Madrid, claro) y encantado por la evolución del establecimiento, que está lleno de gente. Realiza más de 1.000 transacciones diarias y está obteniendo unos resultados un 40% por encima de los previstos, dice. “Nosotros no vendemos un café, vendemos una experiencia”, sostiene.
La soledad fue el precio glosa la vida de Carmen Díez de Rivera en un libro escrito por la filóloga y escritora catalana Carmen Domingo. Su lectura genera una evocación agridulce en quienes conocimos de cerca a la mujer que, tras la Reina, más alto cargo político ocupara durante la Transición de la dictadura a la democracia, como consejera áulica del Rey y jefa de Gabinete de Adolfo Suárez.
La soledad fue el precio. Vida de Carmen Díez de RiveraCarmen Domingo Tusquets, 2026 408 páginas, 22,90 eurosCuando se pregunta a grandes cocineros por su plato favorito, rara vez mencionan elaboraciones sofisticadas, grandes técnicas o emplatados rebuscados. Sus respuestas nos llevan a lugares íntimos: la cocina familiar, los aromas de la infancia, las elaboraciones sencillas, el cariño. Porque, aunque el oficio empuje hacia la creatividad constante, el cocinero valora, como el resto de los mortales, la sencillez y la solidez de las recetas del día a día.