ARTICULO PRIMERO.- Conformar, el Comité de Dirección de...
"Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”
Más de 60 escuelas de todo el país llevan su nombre. También plazas, avenidas, bibliotecas, parques, centros comunitarios, memoriales y hasta un buque de carga de la Armada estadounidense. Su legado ha sido conmemorado por tres presidentes, y su fecha de nacimiento es celebrada a nivel nacional. O lo era hasta ahora. César Chávez, el líder sindicalista venerado como símbolo de la lucha por los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos, ha sido acusado esta semana de abusar sexualmente de niñas y mujeres durante décadas. Las denuncias en su contra han abierto una herida profunda y dolorosa en la comunidad latina y la han obligado a enfrentar su pasado, lleno de contradicciones.
Luego de pasar año y medio preso tras las fallidas elecciones presidenciales de julio de 2024, el dirigente opositor William Dávila recuperó la libertad plena después del ataque militar estadounidense del 3 de enero. Volvió a su casa con quebrantos de salud, pero está decidido a reclamar lo que le falta: que le devuelvan el auto que le confiscaron. Todavía lo está esperando. No es un caso aislado.
Los nódulos polimetálicos parecen pequeñas trufas de chocolate en las profundidades del mar. En realidad, estos contienen altos porcentajes de minerales críticos como níquel, cobre, cobalto, manganeso y otras tierras raras que son esenciales para los dispositivos móviles, la electromovilidad y la industria militar. En su carrera por controlar el suministro global de insumos estratégicos, Estados Unidos anunció en agosto un acuerdo de cooperación con las remotas Islas Cook, en el Pacífico, para explorar la minería de aguas profundas de unas 6.700 millones de toneladas métricas de estas esferas marrones. En una muestra de cómo la geopolítica se está dividiendo en dos bandos que buscan asegurarse las materias primas que darán forma a la economía del próximo siglo, China también firmó un acuerdo con las islas para la indagación y gestión de los recursos de su lecho marino.
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Las cifras de niños muertos en 2024, las últimas disponibles, por hambre extrema y otras causas derivadas de la pobreza, reveladas por Naciones Unidas, deberían por sí solas provocar un escándalo mundial y forzar la restauración inmediata de la ayuda al desarrollo por parte de todos los países que la han reducido o suprimido siguiendo el nefasto ejemplo de EE UU. Este auténtico fracaso mundial es la demostración de las consecuencias mortales que tiene la demagogia política aplicada contra los más indefensos. De acuerdo con el informe del Grupo Interinstitucional de la ONU para la Estimación de la Mortalidad en la Niñez, en 2024 unos 4,9 millones de niños menores de cinco años murieron en todo el mundo por causas perfectamente prevenibles. De ellos, casi la mitad fallecieron antes de cumplir los 28 días de vida. Hay al menos 100.000 casos anuales documentados de hambre aguda. Es decir, cada cinco minutos —poco más de lo que se tarda en leer este texto— un niño o niña menor de cinco años morirá de hambre. Para Unicef, se trata de una situación crítica para la infancia comparable a la de la Segunda Guerra Mundial.
Cada vez que recojo a mi hijo de dos años tras las visitas con su padre, no solo abrazo su cuerpo, sino que intento rescatar su luz. Vuelve sucio, hambriento, incluso enfermo y con una mirada de desamparo que ningún niño debería conocer. Mi denuncia por violencia de género fue archivada, pero el maltrato no cesó; simplemente mutó en violencia vicaria. Hoy, mi hijo es un rehén del sistema. Mientras Servicios Sociales me recuerda que su bienestar es “mi responsabilidad”, me veo obligada a enviar maletas con comida y pañales que su progenitor se niega a proveer. Para él, el niño no es un hijo sino una herramienta de castigo contra mí. Muchos expertos advierten que la infancia es la gran olvidada. Sin embargo, las instituciones siguen priorizando el “derecho de visita” de un padre por encima de la dignidad y seguridad de un menor vulnerable. El Estado no puede seguir siendo cómplice de este maltrato invisible bajo el pretexto de una supuesta coparentalidad que, en la práctica, es negligencia protegida. ¿Cuántas miradas apagadas más necesita el sistema para reaccionar? Somos muchas las que pasamos por esto y no pedimos privilegios; solo exigimos justicia para quienes no tienen voz.
Gil Pratsobrerroca (Vic, 1997) està immers en una cursa de novetats contínues, que el sorprenen a cada passa promocional que fa després de l’èxit inesperat del seu debut literari, El joc del silenci (La Campana), que en sis mesos va per la desena edició. I encara li queda la gran festa publicitària de Sant Jordi, on es preveu que es passi el dia firmant i faci un pet comercial semblant al de Regina Rodríguez Sirvent, l’autora de Les calces al sol, que també va triomfar en aquesta editorial amb el mètode més vell de recomanacions: el boca-orella.
De golpe, un hombre visiblemente nervioso interrumpe una conversación en un solar asfaltado a las afueras de Beirut. “¡Mira lo que nos ha pasado!”, dice señalando a la tienda de campaña de la que proviene. Con la barba y el pelo adecentados aunque con el rostro marcado por el agotamiento, narra en un intenso monólogo la sucesión de golpes que le han dejado junto a su familia al raso, sin acceso a un baño y reutilizando el agua de un cubo para mantenerse limpios. “Yo tenía una casa, un trabajo y una vida normal. ¿Qué he hecho yo para acabar en la calle?”, se pregunta angustiado, rodeado de centenares de familias en la misma situación.
La lectura de las conclusiones de la cumbre europea celebrada este jueves es un ejercicio deprimente. Aun teniendo en cuenta las consabidas dificultades de una entidad plural como lo es la UE, el abismo entre lo que las dramáticas circunstancias actuales del mundo requieren y el contenido de la respuesta es algo que genera un desaliento profundo. El abismo se abre tanto en el plano moral como en el práctico. La constatación moral es cristalina: como en el caso de Gaza, los Veintisiete no están en condiciones de decir lo obvio e imprescindible en la guerra de Irán: que es una acción ilegal y que no es compatible con nuestros valores. La constatación práctica también lo es: las medidas para paliar los efectos de la crisis energética serán lentas, y el imprescindible apoyo a Ucrania sigue bloqueado por el veto de Orbán. No todo son nubes en el cielo europeo, y no hay que olvidarse de los claros —como que muchos aspiran a entrar en nuestro club—. Pero las que lo pueblan son gordas y oscuras, conviene no ocultarlo.
Las palabras no ganan para sustos. Las traen, las llevan, las quitan, las ponen, las callan, las gritan, las pervierten: es una vida muy difícil. Algunas se defienden como pueden, escondidas donde pocos las digan o recuerden, pero otras sufren reveses tremebundos. Hasta hace nada, por ejemplo, la red era el aparejo del rudo pescador mal afeitado o del gentil cazador de mariposas; ahora es el ogro que se come a nuestros niños crudos y a nuestros electores con patatas. Hasta hace nada, una maga era una mujer que hacía posible lo imposible; ahora es el epitafio en el gorrito de un señor mayor que se dedica a bombardear el mundo. A la palabra inteligencia le ha pasado algo así, y se la ve sentida, resentida.
Estados Unidos ya libra la batalla por el control del estratégico estrecho de Ormuz y para permitir el tráfico marítimo por ese paso clave para el tránsito mundial de petróleo. Un grupo de buques anfibios y una unidad expedicionaria de infantes de Marina (entre 2.200 y 2.500 soldados) va a zarpar desde California hacia la zona, mientras un contingente similar, de tres barcos anfibios y otra unidad de infantes de Marina, está a punto de llegar procedente del Pacífico. A la espera de su llegada, los aviones estadounidenses han intensificado los bombardeos de las posiciones militares en las islas y costas iraníes en la zona, para impedir que Teherán pueda responder con sus misiles.
Desde el comienzo, hace tres semanas, de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán y de las acciones de represalia de la República Islámica en la región, ha habido dos ocasiones en las que el blanco aparente de los ataques ha sido un objetivo casi tabú: la infraestructura hídrica del adversario. Las instalaciones de agua potable. A diferencia de otros golpes dolorosos contra intereses militares, económicos y energéticos, en estos casos las arremetidas han estado envueltas en un cierto misterio, sin reivindicaciones públicas ni réplicas dilatadas, sino lanzadas como advertencias veladas de alto riesgo.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, los considera “compañeros de armas”, pero los diputados de Vox no apoyarán los decretos aprobados este viernes por el Gobierno para paliar los efectos de la guerra contra Irán que ha desatado su socio. Lo adelantó Santiago Abascal este lunes, mucho antes de conocer su contenido: “Nosotros no vamos a colaborar con la mafia de Pedro Sánchez”, dijo. “Lo hemos hecho en ocasiones que aparentemente son más difíciles”, argumentó, recordando que fue el único partido que votó en contra de la revalorización de las pensiones y que eso no parece haber afectado a sus resultados electorales. Vox se opone a cualquier medida que venga del Gobierno, incluso si coincide con sus demandas, y reprocha al PP cuando no hace lo mismo. Ni siquiera quiso participar en la ronda de consultas que realizó el ministro de Justicia, Félix Bolaños, para escuchar las propuestas de la oposición antes de presentar las del Ejecutivo.
Son siete personas. Cinco de ellas, mujeres. Trabajan en el campus de la farmacéutica GSK en Tres Cantos, a media hora de Madrid. Y hasta ahora, lo hacían en laboratorios de nivel de bioseguridad 3 (BSL-3), el penúltimo escalón de peligro biológico. Ahora, cinco de las 27 salas BSL-3 que tenía la compañía en este complejo han sido reconvertidas para acoger dos salas del primer laboratorio español que trabajará al nivel máximo de bioseguridad: el BSL-4. El salto no es solo técnico. Es, en cierta medida, existencial.
“¿Quieres ver mis notas?”, pregunta divertido Antonio Carmona (Granada, 60 años) frente a un cuadro donde se exponen su partida de nacimiento, su foto de la comunión y sus calificaciones del curso académico de 1979/1980, cuando tenía 14 años. Hay poco de lo que presumir: insuficiente en Lenguaje, Ciencias Sociales, Idioma, Dibujo, Matemáticas, Educación Física, Ciencias Naturales y Religión. Insuficiente en todo menos en Pretecnología. “Su actitud ha sido muy negativa durante todo el curso”, advertía la tutora en una nota al margen, justo debajo de la firma resignada de la madre del cantante, Matilde Amaya. “Los profesores eran tan crueles que te decían por la cara: ‘Yo que usted no lo traería más al colegio’. Si me los encontrase ahora, les diría: ‘¡Mira dónde ha llegado el que no estudiaba!”, comenta riéndose el artista.
El cansancio, la falta de energía y la dificultad para concentrarse forman parte de un relato que suele repetirse en algunos países europeos con la llegada de la primavera. En alemán, el fenómeno tiene incluso nombre propio y forma parte del imaginario colectivo: frühjahrsmüdigkeit (primavera y cansancio). En España, se conoce como astenia primaveral. Pero ¿se trata de un fenómeno biológico real? Un estudio reciente lo ha descartado. Tras un año de seguimiento a más de 400 personas, la investigación no ha encontrado pruebas de que la fatiga o la somnolencia varíen con las estaciones.
La última vez que lo vi, Alfredo Bryce Echenique estaba derrumbado a todo lo largo sobre una fila de asientos en una sala de espera del aeropuerto de Barajas, desmayado o dormido, mientras una voz que él no escuchaba repetía su nombre por la megafonía. Fue esa voz la que nos hizo darnos cuenta de que aquel hombre en apariencia inerte era él. El vuelo hacia Lima estaba a punto de despegar, y desde la sala de embarque se reclamaba con urgencia la aparición del último pasajero que faltaba. Mi mujer y yo nos acercamos a él y lo sacudimos suavemente, diciendo su nombre. “Alfredo, Alfredo”. Él abrió sus ojos rasgados, que parecían más japoneses por las gafas redondas, parpadeando por la molestia de la luz, y puso cara de sorpresa al reconocernos. “Elvira, Antonio, qué alegría”. Le dijimos que tenía que darse prisa, mientras la voz perentoria repetía una vez más su nombre, y le ayudamos a levantarse y a recoger sus cosas desperdigadas. Lo vimos salir aturdido, con la ropa y el equipaje en desorden, temiendo que se perdiera en el camino hacia la sala de embarque, que llegara cuando el vuelo ya estuviera cerrado.
La de este viernes empezó siendo una de las jornadas más críticas para el Gobierno de coalición esta legislatura, con el plante inédito de los ministros de Sumar antes del Consejo de Ministros que debía aprobar el decreto de medidas para paliar los efectos de la guerra en Oriente Próximo. Sumar reclamaba al PSOE desde mediados de octubre una prórroga de los contratos de alquiler que vencían entre finales de 2025 y este 2026, firmados hace cinco años con precios mucho más bajos que los de ahora. El órdago, esta vez, funcionó, y tras más de dos horas de negociaciones en una sala de La Moncloa entre el propio presidente, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta Yolanda Díaz, con la incorporación a las conversaciones más tarde de la número dos del Ejecutivo, María Jesús Montero, y del resto de ministros de Sumar, se acordó la aprobación de la congelación de los alquileres y fijar el tope a las actualizaciones en el 2%, blindando esa subida ante una posible escalada de la inflación. La victoria, reconocen en la formación, les refuerza ante los suyos en un momento muy difícil, cuando acusan el desgaste tras meses orillados en el Gobierno, buscan un nuevo liderazgo y transitan un ciclo electoral complejo.