ARTICULO PRIMERO.- Conformar, el Comité de Dirección de...
"Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”
Vivir en Roma suele dar una sensación de estar rodeado de misterios, algunos maravillosos y otros no tanto, su lado oscuro. Se convive con ellos con cierta familiaridad. Por ejemplo, desde hace más de cuatro meses las fuerzas del orden excavan en los jardines y sótanos de una vieja mansión, y hasta han llegado a las antiguas catacumbas, sin saber bien lo que se van a encontrar. Y a lo mejor no encuentran nada. Es el enésimo episodio de uno de los grandes misterios italianos: la desaparición en 1983 de Emanuela Orlandi, hija de un empleado del Vaticano, un caso sin resolver al que se han dedicado series y documentales.
Hoy es un día especial en el Instituto Cultural del Mócheno. Unos periodistas españoles han llegado a la minúscula localidad de Palù del Fersina, en la provincia italiana de Trento, al noreste del país, para interesarse por un idioma desconocido que apenas habla hoy en día un millar de personas y que, a cada año que pasa, se siente más y más débil. “Lo usamos unos 200 jóvenes. A veces comentamos que nos vemos como dinosaurios, como si fuéramos animales en peligro de extinción”, asegura David Toller, uno de los pocos veinteañeros que han hecho realidad el sueño de vivir y trabajar en el mismo lugar donde sus ancestros desarrollaron a partir del siglo XIII este dialecto germánico variante del bávaro. La mayoría de chicos de su edad, por el contrario, se ven obligados a mudarse a la cercana ciudad de Trento, donde prácticamente nadie ha oído hablar del mócheno.
Reportaje elaborado en el marco del proyecto 'Europa Informada', financiado por el Parlamento EuropeoHay dos tipos de personas en el gimnasio. Los que llegan cuando aún no ha amanecido, con el café en la mano y la determinación intacta. Y los que aparecen al caer la tarde, cuando el cuerpo parece por fin haber despertado del todo. Y ambos creen tener razón.
Desde hace algo más de dos años separo siempre los restos de comida del resto de la basura: en la localidad donde vivo existe un programa municipal de procesamiento de residuos orgánicos para crear compost, que se reparte entre todas las personas que colaboran en su elaboración.
La hostelería en general y la restauración en particular gozan de buena salud. Según los últimos datos disponibles de la Asociación de Hostelería de España, hay 266.837 bares o restaurantes en nuestro país. Uno por cada 182 personas. Dan empleo a 1,38 millones de trabajadores y producen cerca de 116.000 millones de euros al año. No obstante, pese a las contundentes cifras, las empresas del sector tienen un problema. La expresión “cerrar el bar” no se aplica solo a la clientela más trasnochadora: año tras año, una buena parte de estos negocios bajan la persiana.
Durante años, Silicon Valley se ha amparado en la ley que establece que las compañías no son responsables del contenido generado por sus usuarios y ha defendido que la tecnología es neutra y que los algoritmos solo persiguen mejorar la experiencia de navegación. Esta semana, sin embargo, un jurado de Los Ángeles ha dictaminado que las aplicaciones de dos de las grandes tecnológicas, Meta y Google, son adictivas, que han sido diseñadas expresamente para mantener a los usuarios enganchados y que sus propietarios han sido negligentes en la protección de los niños y adolescentes que las utilizan. En otro caso en Nuevo México, un jurado ha condenado a Meta —matriz de Facebook, WhatsApp e Instagram— por no haber prevenido la explotación sexual infantil en sus plataformas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha revelado esta semana su nuevo consejo asesor en ciencia y tecnología (PCAST, por President’s Council of Advisors on Science and Technology) y, como tal vez cabía esperar de este millonario por nacimiento e indocto por formación, parece haber elegido a sus miembros en la lista Forbes. Si tiene tanta pasta será que es muy listo, habrá pensado Trump en un alarde de sofisticación intelectual, y allá que nos ha metido a medio Silicon Valley en uno de los pocos organismos que podría haberle desasnado en una serie de materias que quedan mucho más allá del radio de su ingenio.
Parece que mis abuelos invadieron la Argentina. No estoy segura, pero intento averiguarlo desde que el presidente Javier Milei le dijo a Orbán, el primer ministro húngaro: “Cuando la inmigración no se adapta culturalmente al lugar donde va, deja de ser inmigración para convertirse en invasión”. Orbán quedó contento porque considera que la inmigración es “un veneno”.
El milagro puede estar ocurriendo. En los últimos años, la ultraderecha olió sangre y dominó el discurso hablando directamente a las vísceras y agitando el miedo a la inmigración y a la pérdida de identidad en un mundo cambiante donde las decisiones económicas se nos escapan. Lo saben bien Trump y una ultraderecha europea que utilizaron los recelos contra el orden legal, contra el feminismo, las nuevas libertades y el wokismo.
Se acercan las elecciones en Hungría -previstas para el 12 de abril-, una cita de importancia incalculable para el futuro de Europa. Viktor Orbán es desde hace tiempo un agente político cuyos objetivos son indistinguibles de los de Putin y Trump. Su entierro político no supondría la eliminación completa de los obstáculos para que la UE avance en el proceso de adaptación a un nuevo tiempo especialmente hostil, pero sin duda sería un extraordinario alivio que allanaría el camino reformista al menos durante un año, hasta las presidenciales de Francia. Observar el carrusel electoral en Budapest es un sano ejercicio de análisis de los enemigos del proyecto europeo. Son muchos y poderosos.
Una silla del salón, de la cocina o de la terraza bien puede servir de trinchera en el barrio de Santa María de Cádiz. Lo fue en la década de los 80, cuando Lola Delfín descubrió que bajar una silla de su partidito a la puerta de su finca cortaba “el tejemaneje” de los camellos que inundaban de droga a un barrio abandonado entonces a su suerte. Y lo es ahora cuando, la víspera de cada Jueves Santo, agarra con una cuerda el mueble venido de su piso a un busto que está enfrente del portal para que sus tres hijos, que hace ya años tuvieron que mudarse fuera de Cádiz, puedan ver salir al Nazareno. Pero este año la tradición se ha adelantado tanto que ha obligado a la Policía Local a intervenir.
Sonita Kamara está de parto, pero surge una complicación que puede ser mortal. El bebé no puede atravesar el canal del parto a pesar de las fuertes contracciones. La trasladan de urgencia al gran hospital materno-infantil de Sierra Leona. “Si no operamos en 30 minutos, el bebé podría morir”, sentencia la Dra. Rosetta Cole, la jefa de ginecología, mientras se prepara para realizar una cesárea de urgencia. Pero la operación no puede comenzar. El hospital se ha quedado sin material quirúrgico básico: suturas, anestésicos y líquidos intravenosos. La familia de Kamara corre a la ciudad para buscarlos en farmacias.
Las olas de calor ya forman parte de una nueva realidad en Alemania: los veranos son más largos, calurosos y secos. Para hacer frente al calentamiento del planeta, Berlín va a plantar miles de árboles hasta el año 2040 para tener de media un árbol cada 15 metros en las calles, siempre que sea posible, y desarrollará proyectos para transformarse en una ciudad esponja para recoger y almacenar el agua de lluvia.
La España rural se rebela contra las plantas de biometano. En Cuenca, los vecinos del pequeño municipio de Campos de Paraíso, que suma 600 habitantes repartidos entre Carrascosa del Campo, Loranca del Campo, Olmedilla del Campo, Valparaíso de Arriba y Valparaíso de Abajo, llevan meses organizándose para frenar la tramitación de tres proyectos, uno de ellos con capacidad para tratar 140.000 toneladas de residuos orgánicos, la mayoría purines de cerdos. Un volumen de desechos que, aseguran, no generan los ganaderos de esa comarca, sino que llegarán de otros puntos. Demasiados proyectos, dicen, en tan poco espacio, mal dimensionados y muy cerca de sus casas. Dos de las instalaciones ya cuentan con informes urbanísticos favorables de la Diputación de Cuenca y la tercera está en fase de evaluación ambiental.
La primera reacción que tuvieron algunos responsables de ERC al conocer los cambios en el Gobierno fue pensar que aquello no era una mala noticia. Ni entusiasmo ni desencanto. Más bien la sensación de que el nombramiento de Arcadi España como nuevo ministro de Hacienda es una oportunidad para recoser desde Cataluña las relaciones con el Ejecutivo central, aunque sin garantías. “Somos escépticos”, defienden fuentes de la cúpula republicana. El Gobierno de Salvador Illa en cambio, se muestra abiertamiente favorable al aterrizaje de un defensor de la reforma del sistema de financiación a Hacienda, como se expresó en sus tiempos como consejero de la Generalitat Valenciana. “Es un aliado”, aseguran fuentes del Govern.
“Resumiendo: sí, me gustó Sinners, y eso que iba con mucha reticencia por los vampiros”. Miquel Jurado apura su café en este Starbucks barcelonés en el que sólo con mucha imaginación te puedes creer que estás en un juke joint del Misisipi, esos locales de los negros del sur de Estados Unidos, a menudo en viejos graneros, donde se podía oír música, bailar, beber comer y hacer apuestas mientras te esperaba afuera aviesamente el Ku Klux Klan para colgarte de un árbol junto a su cruz en llamas (escúchese el tema Strange fruit, de Billie Holliday). Claro que para dar ambiente ya está aquí Miquel, un hombre que ha viajado al lado oscuro e incluso a la encrucijada del diablo (de hecho a dos) como los personajes de Sinners, la película que recientemente se ha llevado cuatro estatuillas en la última ceremonia de los Óscars de Hollywood.
Emilia García Fernández, La Pixarra, entra de la mano de Michael Robinson en el Carlos Tartiere. Dentro, ya sobre el césped, la anciana, una de las primeras seguidoras del Oviedo, se come a besos al inglés, al que llama “mi nieto”. Es una de las imágenes recuperadas por los herederos del exfutbolista y comentarista fallecido en 2018 para el Informe Plus (Movistar) dedicado al centenario del club y titulado con su histórico lema: Orgullo, valor y garra. El equipo del programa, fiel al espíritu del Informe Robinson, en el que el fútbol era una excusa para hablar de la naturaleza humana, supo ver una buena historia en la lealtad oviedista, ese vínculo ya secular entre la capital del Principado de Asturias y su afición inquebrantable: en la riqueza, cuando eran los peces grandes los que iban a pescar jugadores a aquel equipo de provincias; y en la pobreza, cuando el entrenador Antonio Rivas convirtió los retretes del Tartiere en su despacho porque no había dinero para pagar los recibos y aquel era el único sitio con luz de todo el estadio. “Nunca vamos a dejar de ser del Oviedo”, explica Andrea Suárez, bisnieta de La Pixarra ante las cámaras de Movistar plus +. “Esté donde esté y pase lo que pase”, añade, por si hubiera alguna duda. Emilia García Fernández murió en 2006, a los 99 años. Unos meses antes, directivos del equipo se acercaron a la residencia en la que estaba ingresada para rendirle un homenaje. Ella, que ya casi no reconocía a sus familiares, los recibió tarareando el himno del Oviedo. Por supuesto, a sus tataranietos no se les ha ocurrido vestir otra camiseta que no sea la azul.
Estoy en México, donde a menos de tres meses de su inicio, ya empieza a jugarse el próximo Mundial. El torneo se filtra en conversaciones, anuncios y tertulias televisivas. Y, por supuesto, en el escenario por excelencia: el ya mítico estadio Azteca. Renovado por razones de comodidad, de seguridad y de modernidad, sigue siendo reconocible en su esencia, elevando su estructura imponente al sur de la Ciudad de México. El negocio no permite que se detengan ni siquiera los estadios que son leyenda.
“Ojalá hubiera muerto. Fue un viaje al infierno”. Así se pronunció Arya, nombre ficticio de una eritrea entrevistada por Naciones Unidas en su último informe sobre abusos contra migrantes y solicitantes de asilo en Libia, país de tránsito para cientos de miles de personas que, como esta mujer, tratan de alcanzar Europa cruzando el Mediterráneo. Quien lo intente en 2026 se verá ante un horizonte contradictorio: economías que necesitan trabajadores y sociedades que ya son muy diversas, pero también una arquitectura legislativa cada vez más hostil, proclive a expulsar con rapidez —a menudo sin respetar los derechos humanos— y a delegar responsabilidades en terceros países.