ARTICULO PRIMERO.- Conformar, el Comité de Dirección de...
"Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”
Sergio es nutricionista, trabaja en Madrid y tiene 35 años. Su empleo consiste en revisar documentación, contestar correos electrónicos y atender llamadas telefónicas, en las que da pautas de alimentación y vida saludable a clientes. “La mayor parte del tiempo estoy sentado delante del ordenador, como podría estar en mi casa”. Él querría teletrabajar, “al menos de vez en cuando”, pero sus empleadores no se lo permiten. “Me dicen que no, que imposible, que es política de empresa. Es una empresa antigua y casposa. No lo entiendo, podríamos hacerlo todo desde casa. Con teletrabajo mejoraría mi calidad de vida”, lamenta este empleado, que pide ocultar su apellido para evitar problemas en la empresa.
Más teletrabajo en las economías más desarrolladasEl promedio europeo de teletrabajadores ha seguido una tendencia parecida a la española, pero siempre con mucha ventaja: el último dato que detalla Eurostat es del 22,6% de media para los Veintisiete. Los países europeos con una mayor porción de teletrabajadores son Países Bajos (52%), Suecia (45,6%) y Luxemburgo (42,8%). En la posición contraria se encuentran Grecia (7,8%), Rumania (3,5%) y Bulgaria (3%). El patrón salta a la vista: los países con economías más avanzadas, más tecnológicas y de mayor valor añadido, teletrabajan más que los que se caracterizan por justo lo contrario. Esta dinámica se repite en la desagregación por comunidades autónomas. En la Comunidad de Madrid se teletrabaja en 2024 más del triple que en Canarias.
El petróleo, puro oro de color negro, manda sobre la paz y sobre las armas, sobre la vida y sobre la muerte, desde al menos la Primera Guerra Mundial. Los países aliados “flotaron hacia la victoria sobre una ola de crudo”, en palabras de Lord George Curzon, notable miembro del Gobierno británico de aquel tiempo. De no ser por las grandes flotas de camiones de motor, la histórica contienda se hubiera perdido. En diciembre de 1916 la situación del mercado era crítica, pero, para cuando se firmó el armisticio, las reservas habían llegado a un punto de total seguridad.
Durante la crisis del petróleo de los años setenta, en California se decía que las gasolineras tenían un horario más reducido que los bancos. Los conductores aparcaban sus automóviles junto al surtidor antes del amanecer y se echaban a dormir repantigados en el asiento a la espera de que abrieran. Las colas eran interminables. Eso cuando había algo que poner: las banderas verdes, amarillas y rojas servían para advertir, con solo un vistazo, si quedaba combustible, si solo lo había para vehículos de emergencias, o si las existencias se habían acabado y tocaba probar suerte en otra parte. El trance dio a entender al mundo que el suministro no podía darse por garantizado. Tampoco su bajo precio. Y dejó un trauma en la memoria colectiva que más de medio siglo después, a otra escala, resucitó con la guerra en Ucrania, y ahora regresa con las turbulencias en Oriente Próximo.
Jonathan Brill (Boston, 52 años) se muestra fascinado cuando pasa por Miami, Chicago, San Francisco o Los Ángeles y ve robots “parecidos a R2-D2″ repartiendo pizzas, en referencia al droide azul y blanco de la saga de Star Wars. “Todavía no estamos entendiendo el impacto que va a tener la robótica y otros avances tecnológicos en los siguientes años”, señala el futurólogo —así se llama su cargo— de Amazon en una entrevista con EL PAÍS realizada la semana pasada en Madrid.
Cuando hace unas semanas el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que más que libertad o democracia, el problema fundamental de Cuba era su economía, Andy Gómez, el ex director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, no dio crédito a lo que estaba oyendo. “Me dije: no, no puedo creer que este hombre haya dicho esto”. Hace más de diez años, Gómez fue reclutado, junto a otros académicos y diplomáticos, por la Brookings Institution, un destacado think tank con sede en Washington que entonces ayudó a moldear la propuesta de una política entre Estados Unidos y Cuba. El engagement, o la política de acercamiento, del expresidente Barack Obama, que fue altamente criticada tanto por Donald Trump como por Rubio, apostó por una apertura económica en la isla. Por eso ahora a Gómez le resultaba inconcebible pensar que la administración republicana, la misma que puso freno al acercamiento con La Habana, estuviese hablando en esos términos. ¿Estaba el Gobierno de Trump, contra todo pronóstico, retomando parte del modelo Obama?
La presencia de la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, en la toma de posesión del presidente de Chile, José Antonio Kast, ha terminado de perfilar una estrategia internacional de alianzas con la derecha y la extrema derecha global. Machado, que ha sido aclamada como una heroína por la diáspora venezolana en Santiago de Chile esta semana, ha recibido las llaves de la ciudad y se ha convertido en protagonista permanente de noticias.
El petróleo ya no se ve, pero está presente. Los peces nadan en el mar, pero ya no se pescan. El agua no está manchada, pero deja una extraña espuma color café con cada coletazo. Mientras la rutina parece seguir su curso en el municipio de Pajapan, al sur de Veracruz, la amenaza invisible del derrame de petróleo -que comenzó hace casi dos semanas y ha alcanzado a 230 kilómetros de la costa del golfo de México- permea cada minuto del día de sus habitantes. Jaibas sin pescar y camarones sin vender dibujan la nueva realidad de decenas de familias que, ante la polución de la laguna del Ostión, luchan por sobrevivir una emergencia que los ha dejado sin su principal sustento. “Está crítico porque yo, desde el día que entró la contaminación, no he trabajado ningún día”, asegura Vicente Vargas, un pescador de 49 años que lleva 14 años en este oficio.
Leproso. Qué brutalidad de palabra. Primero porque secuestra despectivamente a la persona bajo el nombre de una enfermedad, como si todo en ese individuo estuviera borrado por su padecimiento (no decimos canceroso, por ejemplo), y después porque se trata de una dolencia mítica, de un mal que se ha confundido durante siglos con el Mal como si tuviera algo demoniaco, de modo que las pobres víctimas del bacilo de Hansen (ese es el nombre técnico) no solo soportaban una dolencia atroz (dolorosa, deformante, mutiladora) y que fue incurable hasta 1981, sino que, por añadidura, sufrían un maltrato social espeluznante: han sido apaleados, perseguidos, expulsados del mundo, encerrados para siempre. Leproso. Un término traspasado por el sufrimiento.
El Gobierno cubano congregó, para la mañana de este sábado, a un grupo de hombres y mujeres a gritar consignas en el mismo lugar donde la noche anterior un puñado de adolescentes incendió la ideología. Salieron a la calle, en medio de la oscuridad y el hartazgo municipal, y terminaron prendiendo fuego a la sede del Partido Comunista de Cuba, el único posible en el país, forjado para que militara el pueblo y no para que lo hicieran arder. Pero el Partido, como el sistema, los había traicionado.
—Las mujeres en la Iglesia jugamos con la jerarquía al escondite inglés.
Tenía un hoyuelo en la barbilla. Era presumido, a su manera, y no le perjudicaba que lo comparasen con Kirk Douglas. No nació con él. Iba a decir que no era natural, el hoyuelo, pero tampoco sería exacto. Una cicatriz de su época de niño vaquero, hecha con la voluntad de estilo propia de la naturaleza. Lo recordaba de tal manera que el hoyuelo tenía la forma de un cuento. Era hijo de Dominga, costurera, y Manuel, carpintero. Dominga enfermó y hubo que repartir la prole en casas familiares. A mi padre lo llevaron con sus abuelos campesinos. Estaba un día al cuidado de las vacas, cuando oyó que crujían las vigas del cielo. La primera vez que veía un avión y de qué manera. El bimotor volaba tan bajo, tan a ras, que mi padre aseguraba que, por un instante, cruzó la mirada con el piloto. Y la misma curiosidad tuvo la vaca que pacía a su lado. Levantó la testa y el pitón de un cuerno justo acertó en la barbilla del chaval. Cuando recobró el sentido, tenía el hoyuelo.
Hoy, uno de los tecnooligarcas norteamericanos más influyentes y uno de los hombres más ricos del mundo asistirá a una misa en latín en la basílica de San Juan de los Florentinos. Al tratarse de este personaje y sus ideas, el caso lo dominan tanto la controversia como el secretismo; hay a partes iguales fascinación e inquietud. Lo que se sabe con certeza es que Peter Thiel está en la Ciudad Eterna para impartir un nuevo curso sobre el Anticristo, una de sus obsesiones y cuya mejor encarnación sería una figura como Greta Thunberg. Si a las siete de la tarde pasean por la Via Giulia en Roma tal vez puedan contemplar a Thiel, como quien ve a un teólogo poseído por el Maligno, aunque es improbable que luego les dejen acceder a la iglesia, porque con él la clave siempre es el enigma que oculta la lógica final de sus razonamientos apocalípticos.
Dos semanas después de su estallido, la guerra en Irán ha entrado en una fase en la que, de forma paralela a la respuesta militar, la estrategia de Teherán pasa por declarar la guerra a la economía global. Los misiles y drones iraníes han atacado instalaciones de gas y petróleo en Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, y han bloqueado el estrecho de Ormuz, lo que ha disparado el precio del crudo, ha provocado una sacudida en las Bolsas y tiene el potencial de desatar una crisis económica global con graves consecuencias también para los promotores del conflicto. Este sábado, Estados Unidos bombardeó instalaciones militares en la isla de Jarg, la principal terminal petrolera de Irán.
El 9 de octubre de 2023, dos días después de que Hamás causase la jornada más letal para Israel (unos 1.200 muertos) con su ataque sorpresa, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, pronunció una frase que sonó más a desideratum que a plan: “Vamos a cambiar Oriente Próximo. Este es solo el principio”. Su fuerza aérea lanzaba entonces sobre Gaza casi mil bombas al día, matando a cientos de personas a diario.
La cuenta de Donald Trump en la red social Truth no es solo una plataforma para sus anuncios o una ventana a su estado de ánimo; también funciona como un medidor volátil de su paciencia y de su incomodidad con ciertos temas. El de la guerra de Irán ha estado relativamente ausente de sus mensajes. Desde el inicio, hace dos semanas y un día, de la ofensiva conjunta con Israel, Trump ha escrito sobre todo de otros temas: entrevistas de hace semanas a rivales políticos, el Mundial de Fútbol o el gran enemigo en casa: el congresista republicano Thomas Massie.
El conflicto bélico en Oriente Próximo se ha convertido en un avispero para la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Le sucedió ya durante la guerra en Gaza y le ha vuelto a pasar ahora en Irán. La falta de un mínimo reproche a Estados Unidos e Israel por atacar a la República Islámica sin el amparo de la legalidad internacional, más el discurso del pasado lunes en el que daba por finiquitado el orden mundial basado en reglas, han reavivado el malestar, en Bruselas y otras capitales europeas, de quienes recelan desde hace tiempo de las timoratas palabras de la mandataria cada vez que andan por medio Washington o Tel Aviv.
La guerra en Irán y sus consecuencias para el mundo lo ocupan todo. Desde la campaña en Castilla y León, que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cerró en Valladolid entre gritos de “no a la guerra” de los militantes socialistas, hasta la discusión interna en el Gobierno sobre las medidas para paliar sus efectos. Los ministros del PSOE y Sumar debaten la profundidad de la respuesta, y negocian con los socios porque no pueden permitirse el lujo de que el PP, Vox y Junts les vuelvan a tumbar un escudo social. Este martes probablemente habrá un primer bloque de medidas, en el que trabajaban varios ministerios este fin de semana.
Muchos ciudadanos en Emiratos Árabes Unidos han adquirido estos días la costumbre de apuntar al cielo con sus móviles para captar destellos anaranjados, como estrellas fugaces, y el estruendo en medio de la noche. Lo que ven y graban son interceptaciones de drones y misiles. Lo hacen a pesar de que las autoridades han advertido sobre el riesgo de filmarlas y compartirlas. En el complejo turístico Yas Bay, en Abu Dabi, un trabajador de Ghana muestra un vídeo que grabó días atrás. Y rápidamente aclara: “Es solo para mí. Es la primera vez que veo una guerra de cerca”. A su lado, un colega de Letonia comenta con él las posibles consecuencias del conflicto bélico en Oriente Próximo en los precios, en el turismo y en el funcionamiento de los establecimientos. La preocupación gira en torno a la normalidad cotidiana.